José llevado a Egipto

Ya seguiremos hablando de la alianza más adelante.
Ahora conozcamos la bellísima y emocionante historia de los padres del numerosísimo -incontable- pueblo de Abraham.

[Hech.7.9] Los patriarcas, movidos por la envidia, vendieron a su hermano José para que fuera llevado a Egipto. Pero Dios estaba con él
[Hech.7.10] y lo salvó de todas sus tribulaciones, le dio sabiduría, y lo hizo grato al Faraón, rey de Egipto, el cual lo nombró gobernador de su país y lo puso al frente de su casa real.

A propósito de esta oportunidad, leamos la hermosa y emotiva historia de los patriarcas.

[Gn.37.23] Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica (la túnica de mangas largas que llevaba puesta),
[Gn.37.24] lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía.
[Gn.37.25] Luego se sentaron a comer.
De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.
[Gn.37.26] Entonces Judá dijo a sus hermanos: «¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre?
[Gn.37.27] En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne».
Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.

[Gn.37.28] Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de planta, y José fue llevado a Egipto.

[Gn.37.29] Cuando Rubén volvió a la cisterna y se dio cuenta de que José había desaparecido, desgarró su ropa,
[Gn.37.30] y regresando a donde estaban sus hermanos, dijo: «El muchacho ha desaparecido. ¿Dónde iré yo ahora?».
[Gn.37.31] Entonces tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito, y empaparon la túnica con sangre.
[Gn.37.32] Después enviaron a su padre la túnica de mangas largas, junto con este mensaje:
«Hemos encontrado esto. Fíjate bien si es la túnica de tu hijo, o no».
[Gn.37.33] Este, al reconocerla, exclamó: «¡Es la túnica de mi hijo! Un animal salvaje lo ha devorado. ¡José ha sido presa de las fieras!».
[Gn.37.34] Jacob desgarró sus vestiduras, se vistió de luto y estuvo mucho tiempo de duelo por su hijo.

 

José en Egipto

Y después que José interpretó un sueño al faraón que versaba sobre el hambre que sufriría Egipto durante siete años,

[Gn.41.37] La respuesta agradó al Faraón y a todos sus servidores.
[Gn.41.38] Por eso el Faraón les dijo a estos: «¿Podemos encontrar otro hombre que tenga en igual medida el espíritu de Dios?».
[Gn.41.39] Y dirigiéndose a José, le expresó: «Ya que Dios te ha hecho conocer todas estas cosas, no hay nadie que sea tan prudente y sabio como tú.
[Gn.41.40] Por eso tú estarás al frente de mi palacio, y todo mi pueblo tendrá que acatar tus órdenes. Sólo por el trono real seré superior a ti».
[Gn.41.41] Y el Faraón siguió diciendo a José: «Ahora mismo te pongo al frente de todo el territorio de Egipto».
[Gn.41.42] En seguida se quitó el anillo de su mano y lo puso en la mano de José; lo hizo vestir con ropa de lino fino y le colgó al cuello una cadena de oro.
[Gn.41.43] Luego lo hizo subir a la mejor carroza después de la suya, e iban gritando delante de él: «¡Atención!». Así le dio autoridad sobre todo Egipto.
[Gn.41.44] El Faraón dijo a José: «Yo soy el Faraón, pero nadie podrá mover una mano o un pie en todo el territorio de Egipto si tú no lo apruebas».

 

El hambre en Egipto y Canaán

A continuación, esteban se hace eco del hambre que pasaron nuestros padres, tal y como había predicho José al Faraón.

[Hech.7.11] Luego sobrevino una época de hambre y de extrema miseria en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y nuestros padres no tenían qué comer.

Leámoslo en el Génesis, y observemos como el Faraón encomienda a su pueblo a las palabras de José:

[Gn.41.53] Entonces terminaron los años en que Egipto gozó de abundancia,
[Gn.41.54] y comenzaron los siete años de hambre, como José lo había anticipado. En todos los países se sufría hambre, pero en Egipto había alimentos.
[Gn.41.55] Cuando también los egipcios y el pueblo sintieron hambre, y el pueblo pidió a gritos al Faraón que le diera de comer, este respondió: «Vayan a ver a José y hagan lo que él les diga».

 

Esto recuerda, cuando la Virgen maría encomienda a los servidores de las bodas de Caná a hacer lo que Jesús diga. En efecto, ambos, José y Jesús, tenían que subsanar una carencia.

[Jn.2.1] Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.
[Jn.2.2] Jesús también fue invitado con sus discípulos.
[Jn.2.3] Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino».
[Jn.2.4] Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía».
[Jn.2.5] Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga».

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Un comentario sobre “José llevado a Egipto

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