La última prueba de José a sus hermanos

[Hech.7.14] Este mandó llamar a su padre Jacob y a toda su familia, unas setenta y cinco personas.

  • ¿Pero ya se va a presentar José a sus hermanos, o todabía no?
  • ¡Puede! Sólo lo podrás saber, si sigues leyendo.

[Gn.44.1] Después José dio a su mayordomo esta orden: «Llena de víveres las bolsas de estos hombres, hasta que estén bien repletas, y antes de cerrarlas, coloca en ellas el dinero de cada uno.
[Gn.44.2] En la bolsa del más joven, además del dinero que pagó por su ración, pondrás también mi copa de plata».
El mayordomo hizo lo que José le había indicado,
[Gn.44.3] y al día siguiente, apenas amaneció, hicieron salir a los hombres con sus asnos.
[Gn.44.4] Ellos salieron de la ciudad, y cuando todavía no se habían alejado, José dijo a su mayordomo:
«Corre ahora mismo detrás de esos hombres, y apenas los alcances, les dirás: «¿Por qué devuelven mal por bien, y por qué me han robado la copa de plata?
[Gn.44.5] Esa es la copa que mi señor usa para beber y con la que consulta los presagios. Ustedes se han comportado pésimamente» ».

[Gn.44.6] Apenas los alcanzó, el mayordomo les repitió estas palabras.
[Gn.44.7] Pero ellos respondieron: «¿Cómo puedes, señor, afirmar tales cosas? Lejos de nosotros comportarnos de esa manera.
[Gn.44.8] Nosotros te trajimos de vuelta desde Canaán el dinero que encontramos en nuestras bolsas. ¿Cómo íbamos entonces a robar plata u oro de la casa de tu señor?
[Gn.44.9] Si la copa se llega a encontrar en poder de alguno de nosotros, el que la tenga morirá, y todos los demás seremos tus esclavos».
[Gn.44.10] «Está bien, respondió, que sea como ustedes dicen, pero mi esclavo será únicamente aquel en cuyo poder se encuentre la copa. Los demás quedarán libres de todo cargo».
[Gn.44.11] Entonces ellos se apresuraron a bajar sus bolsas, y cada uno abrió la suya.
[Gn.44.12] El mayordomo las registró, empezando por la del mayor y terminando por la del menor, y la copa fue hallada en la bolsa de Benjamín.
[Gn.44.13] Al ver esto, ellos rasgaron sus vestiduras; luego volvieron a cargar sus asnos y regresaron a la ciudad.

[Gn.44.14] Cuando Judá y sus hermanos entraron en la casa de José, este todavía se encontraba allí. Ellos se postraron ante él con el rostro en tierra,
[Gn.44.15] y entonces José les preguntó: «¿Qué manera de proceder es esta? ¿Acaso ustedes ignoraban que un hombre como yo sabe recurrir a la adivinación?».
[Gn.44.16] Judá respondió: «¿Qué podemos decirte, señor? ¿Qué excusa podemos alegar, o cómo vamos a probar nuestra inocencia? Es Dios el que ha puesto al descubierto nuestra maldad. Aquí nos tienes: somos tus esclavos, tanto nosotros como aquel en cuyo poder estaba la copa».
[Gn.44.17] Pero José replicó: «¡Lejos de mí obrar de ese modo! Mi esclavo será solamente el que tenía la copa. Los demás podrán regresar tranquilamente a la casa de su padre».

 

La intervención de Judá en favor de Benjamín

[Gn.44.18] Judá se acercó para decirle: «Permite, señor, que tu servidor diga una palabra en tu presencia, sin impacientarte conmigo, ya que tú y el Faraón son una misma cosa.
[Gn.44.19] Tú nos preguntaste si nuestro padre vivía aún y si teníamos otro hermano.
[Gn.44.20] Nosotros te respondimos: Tenemos un padre que ya es anciano, y un hermano menor, hijo de su vejez. El hermano de este último murió, y él es el único hijo de la madre de estos dos que ha quedado vivo; por eso nuestro padre siente por él un afecto muy especial.
[Gn.44.21] Tú nos dijiste: «Tráiganlo aquí, porque lo quiero conocer».
[Gn.44.22] Y aunque nosotros te explicamos que el muchacho no podía dejar a su padre, porque si se alejaba de él, su padre moriría,
[Gn.44.23] tú nos volviste a insistir: «Si no viene con ustedes su hermano menor, no serán admitidos nuevamente en mi presencia».
[Gn.44.24] Cuando regresamos a la casa de nuestro padre, tu servidor, le repetimos tus mismas palabras.
[Gn.44.25] Pero un tiempo después, nuestro padre nos dijo: «Vayan otra vez a comprar algunos víveres».
[Gn.44.26] Nosotros respondimos: «Así no podemos ir. Lo haremos únicamente si nuestro hermano menor viene con nosotros, porque si él no nos acompaña, no podemos comparecer delante de aquel hombre».
[Gn.44.27] Nuestro padre, tu servidor, nos respondió: «Ustedes saben muy bien que mi esposa predilecta me dio dos hijos.
[Gn.44.28] Uno se fue de mi lado; yo tuve que reconocer que las fieras lo habían despedazado, y no volví a verlo más.
[Gn.44.29] Si ahora ustedes me quitan también a este, y le sucede una desgracia, me harán bajar a la tumba lleno de aflicción».
[Gn.44.30] Por eso, si me presento ante mi padre sin el muchacho, a quien él tanto quiere,
[Gn.44.31] apenas vea que falta su hijo, morirá; Y nosotros lo habremos hecho bajar a la tumba lleno de aflicción.
[Gn.44.32] Además, yo me he hecho responsable del muchacho ante mi padre, diciendo: «Si no te lo devuelvo sano y salvo, seré culpable ante ti todo el resto de mi vida».
[Gn.44.33] Por eso, deja que yo me quede como esclavo tuyo en lugar del muchacho, y que él se vuelva con sus hermanos.
[Gn.44.34] ¿Cómo podré regresar si el muchacho no me acompaña? Yo no quiero ver la desgracia que caerá sobre mi padre».

 

El desenlace de la historia de José

[Gn.45.1] José ya no podía contener su emoción en presencia de la gente que lo asistía, y exclamó: «Hagan salir de aquí a toda la gente». Así, nadie permaneció con él mientras se daba a conocer a sus hermanos.
[Gn.45.2] Sin embargo, sus sollozos eran tan fuertes que los oyeron los egipcios, y la noticia llegó hasta el palacio del Faraón.

[Gn.45.3] José dijo a sus hermanos: «Yo soy José. ¿Es verdad que mi padre vive todavía?». Pero ellos no pudieron responderle, porque al verlo se habían quedado pasmados.
[Gn.45.4] Entonces José volvió a decir a sus hermanos: «Acérquense un poco más». Y cuando ellos se acercaron, añadió: «Sí, yo soy José, el hermano de ustedes, el mismo que vendieron a los egipcios.
[Gn.45.5] Ahora no se aflijan ni sientan remordimiento por haberme vendido. En realidad, ha sido Dios el que me envió aquí delante de ustedes para preservarles la vida.
[Gn.45.6] Porque ya hace dos años que hay hambre en esta región, y en los próximos cinco años tampoco se recogerán cosechas de los cultivos.
[Gn.45.7] Por eso Dios hizo que yo los precediera para dejarles un resto en la tierra y salvarles la vida, librándolos de una manera extraordinaria.
[Gn.45.8] Ha sido Dios, y no ustedes, el que me envió aquí y me constituyó padre del Faraón, señor de todo su palacio y gobernador de Egipto.
[Gn.45.9] Vuelvan cuanto antes a la casa de mi padre y díganle: «Así habla tu hijo José:
Dios me ha constituido señor de todo Egipto. Ven ahora mismo a reunirte conmigo.
[Gn.45.10] Tú vivirás en la región de Gosen, y estarás cerca de mí, junto con tus hijos y tus nietos, tus ovejas y tus vacas, y con todo lo que te pertenece.
[Gn.45.11] Yo proveeré a tu subsistencia, porque el hambre durará todavía cinco años. De esa manera, ni tú ni tu familia ni nada de lo que te pertenece, pasarán necesidad».
[Gn.45.12] Ustedes son testigos, como lo es también mi hermano Benjamín, de que soy yo mismo el que les dice esto.
[Gn.45.13] Informen a mi padre del alto cargo que ocupo en Egipto y de todo lo que han visto. Y tráiganlo aquí lo antes posible».
[Gn.45.14] Luego estrechó entre sus brazos a su hermano Benjamín y se puso a llorar. También Benjamín lloró abrazado a él.
[Gn.45.15] Después besó a todos sus hermanos y lloró mientras los abrazaba. Sólo entonces, sus hermanos atinaron a hablar con él.

[Gn.45.16] Cuando en el palacio del Faraón se difundió la noticia de que habían llegado los hermanos de José, el Faraón y sus servidores vieron esto con buenos ojos.
[Gn.45.17] El Faraón dijo a José: «Ordena a tus hermanos que carguen sus animales y vayan
en seguida a la tierra de Canaán,
[Gn.45.18] para traer aquí a su padre y a sus familias. Yo les daré lo mejor de Egipto, y ustedes vivirán de la fertilidad del suelo.
[Gn.45.19] Además, ordénales que lleven de Egipto algunos carros para sus niños y sus mujeres, y para trasladar a su padre.
[Gn.45.20] Diles que no se preocupen por las cosas que dejan, porque lo mejor de todo el territorio de Egipto será para ustedes».

[Gn.45.21] Así lo hicieron los hijos de Israel. De acuerdo con la orden del Faraón, José les dio unos carros y les entregó provisiones para el camino.
[Gn.45.22] Además, dio a cada uno de ellos un vestido nuevo, y a Benjamín le entregó trescientas monedas de plata y varios vestidos nuevos.
[Gn.45.23] También envió a su padre diez asnos cargados con los mejores productos de Egipto, y diez asnas cargadas de cereales, de pan y de víveres para el viaje.
[Gn.45.24] Y cuando despidió a sus hermanos antes que partieran, les recomendó: «Vayan tranquilos».

[Gn.45.25] Ellos salieron de Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, donde se encontraba su padre Jacob.
[Gn.45.26] Cuando le anunciaron que José estaba vivo y era el gobernador de todo Egipto, Jacob no se conmovió, porque no les podía creer.
[Gn.45.27] Entonces le repitieron todo lo que les había dicho José y, al ver los carros que le había enviado para transportarlo, su espíritu revivió.
[Gn.45.28] Israel exclamó: «Ya es suficiente. ¡Mi hijo José vive todavía! Tengo que ir a verlo antes de morir».

[Gn.46.1] Israel partió llevándose todos sus bienes. Cuando llegó a Berseba, ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.
[Gn.46.2] Dios dijo a Israel en una visión nocturna: «¡Jacob, Jacob!». Él respondió: «Aquí estoy».
[Gn.46.3] Dios continuó: «Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de bajar a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación.
[Gn.46.4] Yo bajaré contigo a Egipto, y después yo mismo te haré volver;
y las manos de José cerrarán tus ojos».

[Gn.46.26] Toda la familia de Jacob que emigró a Egipto (sus propios descendientes, sin contar a las mujeres de sus hijos) sumaban un total de sesenta y seis personas.
[Gn.46.27] Incluyendo a José y a los dos hijos que este tuvo en Egipto, toda la familia de Jacob, cuando emigró a Egipto, sumaba un total de setenta personas.

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