Egipto contra Israel

Quiero empezar haciendo una pequeña reflexión:

Se dice que la ignorancia es muy atrevida. Y es que el desconocimiento a menudo nos lleva a la estupidez.

Dios mismo se lamenta diciendo «Mi pueblo perece por falta de conocimiento» (Os.4.6).
En efecto, muchos se condenan por no conocer, por no querer conocer, a Dios.

Muchas veces ya están cómodos con lo que creen, no están dispuestos a cambiar los hechos reales por sus ideas propias y las que les enseñaron.
«No me confundas con hechos, que yo ya tengo mis ideas»

Y ahora, recordamos que seguimos leyendo la Historia Sagrada, con la Guía de San Esteban.

Esteban nos indica por qué es tan importante conocer la historia. Seguramente si este «nuevo rey» con tan «malas ideas» hubiera tenido conocimiento de José, le habría despertado algo de simpatía, y al menos, no hab´ría sido tan severo con nuestros padres.

[Hech.7.17] Al acercarse el tiempo en que debía cumplirse la promesa que Dios había hecho a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto,
[Hech.7.18] hasta que vino un nuevo rey que no sabía nada acerca de José.
[Hech.7.19] Este rey, empleando la astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres y los obligó a que abandonaran a sus hijos recién nacidos para que no sobrevivieran.

¿Por qué Egipto ataca a Israel?
Por miedo.
¿Y por qué le tiene miedo?
Por que no le conoce lo suficiente.

En realidad esto está ocurriendo ahora mismo.
Los Cristianos somos perseguidos por los que nos desconocen.
Demasiado amenudo hay quien lo que conoce de nosotros es una caricatura inventada para servir a los intereses del enemigo.
No importa que le demuestres que están siendo engañados, manipulados, el enemigo sabe como comerles el coco de forma efectiva.

Ahora, veamos en el libro del Éxodo que es lo que pasó:

[Ex.1.6] Después murieron José y sus hermanos, y toda aquella generación.
[Ex.1.7] Pero los israelitas fueron fecundos y se multiplicaron, hasta convertirse en una muchedumbre numerosa y muy fuerte, que llenaba el país.

[Ex.1.8] Mientras tanto, asumió el poder en Egipto un nuevo rey, que no había conocido a José.
[Ex.1.9] Él dijo a su pueblo: «El pueblo de los israelitas es más numeroso y fuerte que nosotros.
[Ex.1.10] Es preciso tomar precauciones contra él, para impedir que siga multiplicándose. De lo contrario, en caso de guerra se pondrá de parte de nuestros enemigos, combatirá contra nosotros y se irá del país».
[Ex.1.11] Entonces los egipcios pusieron a Israel a las órdenes de capataces, para que lo oprimieran con trabajos forzados. Así Israel construyó para el Faraón las ciudades de almacenamiento de Pitóm y Ramsés.
[Ex.1.12] Pero a medida que aumentaba la opresión, más se multiplicaba y más se expandía. Esto hizo que la presencia de los israelitas se convirtiera en un motivo de inquietud.

[Ex.1.13] Por eso, los egipcios redujeron a los israelitas a la condición de esclavos,
[Ex.1.14] y les hicieron insoportable la vida, forzándolos a realizar trabajos extenuantes:
la preparación de la arcilla, la fabricación de ladrillos y toda clase de tareas agrícolas.

[Ex.1.15] Además, el rey de Egipto se dirigió a las parteras de las mujeres hebreas (una de ellas se llamaba Sifrá y la otra Puá)
[Ex.1.16] y les ordenó: «Cuando asistan durante el parto a las mujeres hebreas, observen bien el sexo del recién nacido: si es un varón, mátenlo, y si es una niña, déjenla vivir».
[Ex.1.17] Pero las parteras tuvieron temor de Dios, y en lugar de acatar la orden que les había dado el rey de Egipto, dejaban con vida a los varones.
[Ex.1.18] El rey las mandó llamar y les preguntó: «¿Por qué han obrado así y han dejado con vida a los varones?».
[Ex.1.19] Ellas le respondieron: «Por que las mujeres hebreas no son como las egipcias: tienen mucha vitalidad, y antes que llegue la partera, ya han dado a luz».
[Ex.1.20] Por eso Dios fue bondadoso con las parteras. El pueblo creció cada vez más y se hizo muy poderoso,
[Ex.1.21] y como ellas habían obrado con temor de Dios, él les concedió una familia numerosa.
[Ex.1.22] Entonces el Faraón dio esta orden a su pueblo: «Arrojen al Nilo a todos los varones recién nacidos, pero dejen con vida a las niñas».

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