El Dios De Tus Padres, El Dios De Abraham, De Isaac Y De Jacob

Moisés, que tenía espíritu de líder y libertador, aunque no era muy hábil en el dominio de la expresión, en virtud de la alianza de Dios con Abraham, Isaac y Jacob, llegó a ser un gran amigo de Dios, jefe y libertador.

Es mediante él que conocemos el Nombre Del Señor, y mediante él, que Dios nos da la ley.

[Hech.7.30] Al cabo de cuarenta años se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza ardiente.
[Hech.7.31] Moisés quedó maravillado ante tal aparición y, al acercarse para ver mejor, oyó la voz del Señor que le decía:
[Hech.7.32] «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob». Moisés, atemorizado, no se atrevía a mirar.
[Hech.7.33] Entonces el Señor le dijo: «Quítate las sandalias porque estás pisando un lugar sagrado.
[Hech.7.34] Yo he visto la opresión de mi Pueblo que está en Egipto, he oído sus gritos de dolor, y por eso he venido a librarlos. Ahora prepárate, porque he decidido enviarte a Egipto».
[Hech.7.35] Y a este Moisés, a quien ellos rechazaron diciendo: ¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro nuestro?, Dios lo envió como jefe y libertador con la ayuda del ángel que se apareció en la zarza.

El clamor de los israelitas escuchado por Dios

[Ex.2.23] Pasó mucho tiempo y, mientras tanto, murió el rey de Egipto. Los israelitas, que gemían en la esclavitud, hicieron oír su clamor, y ese clamor llegó hasta Dios, desde el fondo de su esclavitud.
[Ex.2.24] Dios escuchó sus gemidos y se acordó de Su alianza con Abraham, Isaac y Jacob.
[Ex.2.25] Entonces dirigió su mirada hacia los israelitas y los tuvo en cuenta.

El llamado de Dios a Moisés

[Ex.3.1] Moisés, que apacentaba las ovejas de su suegro Jetró, el sacerdote de Madián, llevó una vez el rebaño más allá del desierto y llegó a la montaña de Dios, al Horeb.
[Ex.3.2] Allí se le apareció el Ángel del Señor en una llama de fuego, que salía de en medio de la zarza. Al ver que la zarza ardía sin consumirse,
[Ex.3.3] Moisés pensó: «Voy a observar este grandioso espectáculo. ¿Por qué será que la zarza no se consume?».
[Ex.3.4] Cuando el Señor vio que él se apartaba del camino para mirar, lo llamó desde la zarza, diciendo: «¡Moisés, Moisés!». «Aquí estoy», respondió él.
[Ex.3.5] Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa».
[Ex.3.6] Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios.

La misión de Moisés

[Ex.3.7] El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos.
[Ex.3.8] Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos.
[Ex.3.9] El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios.
[Ex.3.10] Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas».

[Ex.3.11] Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy yo para presentarme ante el Faraón y hacer salir de Egipto a los israelitas?».
[Ex.3.12] «Yo estaré contigo, le dijo Dios, y esta es la señal de que soy yo el que te envía: después que hagas salir de Egipto al pueblo, ustedes darán culto a Dios en esta montaña».

La revelación del Nombre divino y la promesa de liberación

[Ex.3.13] Moisés dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el Dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?».
[Ex.3.14] Dios dijo a Moisés: «Yo soy El Que Soy». Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: «Yo Soy» me envió a ustedes».
[Ex.3.15] Y continuó diciendo a Moisés: «Tu hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía.
Este es mi nombre para siempre, y así seré invocado en todos los tiempos futuros.


( Nota:
Esto está traducido del hebreo. Aquí, «El Que Soy» o «Yo Soy» son traducciones al castellano de la palabra hebrea conocida como el Tetragrama Sagrado, que es «YHWH», y se pronuncia «Yahvé».
De igual forma, destaco «El Señor», que es la traducción de «Adonai» o «Edonai», por que es el nombre con el que Dios dice que será «invocado para siempre».
Se nota que el primer nombre es muy especial, tiene un sentido excepcional, y por lo tanto, sólo se usó, de forma excepcional. Sin embargo, el nombre de «El Señor», es un nombre respetuoso que nos sale casi de forma instintiva para referirnos a Dios, y como tal, ha sido usado, desde el principio de la Biblia.
También quiero notar, que Dios se dice Dios De Los Hebreos, o, lo que viene a significar lo mismo, de sus padres, de Israél, de Jacob y de Abraham, en forma de indicar que ÉL es Dios para su pueblo, excluyendo con ello, a aquellos que se buscaron otros dioses. Algo así como que Dios se desentiende de aquel que se desentiende de Dios.
Fin de la nota. )


[Ex.3.16] Ve a reunir a los ancianos de Israel y diles: El Señor, el Dios de sus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, se me apareció y me dijo: «Yo los he visitado y he visto cómo los maltrataban los egipcios.
[Ex.3.17] Por eso decidí librarlos de la opresión que sufren en Egipto, para llevarlos al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos, a una tierra que mana leche y miel».
[Ex.3.18] Ellos te escucharán, y tú irás a presentarte ante el rey de Egipto, junto con los ancianos de Israel. Entonces le dirás: «El Señor, el Dios de los hebreos, vino a nuestro encuentro. Y ahora tenemos que realizar una marcha de tres días por el desierto, para ofrecer sacrificios al Señor, nuestro Dios».
[Ex.3.19] Ya sé que el rey de Egipto no los dejará partir, si no es obligado por la fuerza.
[Ex.3.20] Pero yo extenderé mi mano y castigaré a Egipto, realizando ante ellos toda clase de prodigios. Así él los dejará partir,
[Ex.3.21] y haré que este pueblo se gane el favor de los egipcios, de manera que cuando ustedes salgan, no se vayan con las manos vacías.
[Ex.3.22] Por eso, cada mujer pedirá a su vecina y a la que se hospeda en su casa, objetos de plata y oro, y también vestidos, y se los pondrán a sus hijos e hijas. Así despojarán a los egipcios».

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