El Templo VI – Adorar En Espíritu y En Verdad

Pero la hora se acerca,
y ya ha llegado,
en que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque esos son los adoradores
que quiere el Padre.

(Jn.4.23)

Destruido el templo, ya no se puede Adorar allí… ¿Entonces donde?

 


Antes de continuar, quisiera definir algunos términos:

Adorar
Reverenciar o rendir culto a un ser que se considera de naturaleza divina.
Ensalzar
Engrandecer.
Alabar
Manifestar el aprecio o la admiración por algo o por alguien, poniendo de relieve sus cualidades o méritos.
Glorificar
Reconocer y ensalzar a quien es glorioso.
Venerar
Respetar en sumo grado a alguien por su santidad, dignidad o grandes virtudes, o a algo por lo que representa o recuerda.
honrar
  1. Estima y respeto de la dignidad.
  2. Buena opinión y fama adquiridas por la virtud y el mérito; pudor, honestidad y recato.
  3. Demostración de aprecio que se hace de alguien por su honra.

Ahora sí, continuemos.


 

Dios es espíritu,
y los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad».

(Jn.4.24)

Jesús entonces le explica como ha de «Adorar»:

En Espíritu
Dejando hablar al Espíritu Santo (Mc.13.11), quien sondeando nuestro corazón y conociéndonos en lo más íntimo, intercede por nosotros con gemidos inefables.
En Verdad
Jesús es El Camino, La Verdad, y La Vida (Jn.14.6).
Y nádie va Al Padre si no es por ÉL.
Para Adorar Al Padre, hay que hacerlo en Cristo.

La mujer le dijo:
«Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir.
Cuando él venga, nos anunciará todo».
Jesús le respondió:
«Soy yo, el que habla contigo».
En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: «¿Qué quieres de ella?» o «¿Por qué hablas con ella?».
La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
«Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice.
¿No será el Mesías?».
Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

(Jn.4.25-30)

La mujer, preguntándose si será el Mesías, deja el cántaro allí, cosa curiosa, pues había hido precisamente a llenarlo, y entonces, a pesar de no terminar de creerlo, quizás como una reacción nerviosa, llama a los demás, va a compartir su alegría.
A ella lo único que le importaba en ese momento es que había encontrado al Mesías, y después de eso, quería que adicionalmente los demás se lo ratificaran.

Los Judíos sin embargo, a diferencia de la Samaritana, le piden pruebas, queriendo estar absolutamente seguros antes de mover un dedo, ellos que estában más cerca de ÉL, que iban al Templo De Jerusalén, etc.


¿Cuanto necesitas tú de seguridades para seguir a Dios?

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