2ª Carta A Los Tesalonicenses, capítulo 2, versículos del 9 al 12

La venida del Impío será provocada por la acción de Satanás
y estará acompañada de toda clase de demostraciones de poder, de signos y falsos milagros,

y de toda clase de engaños perversos,
destinados a los que se pierden por no haber amado La Verdad que los podía Salvar.

Por eso, Dios les envía un poder engañoso que les hace creer en la mentira, 
a fin de que sean condenados todos los que se negaron a creer en La Verdad y se complacieron en el mal.

(2Tes.2.9-12)

Dios no puede engañar, ni obrar el mal.
Sin embargo, ÉL pone «trampas»: como dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra de tropiezo y una roca que hace caer, pero el que cree en ÉL, no quedará confundido (Rom.9.33).

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