Profecías De Hoy

Hoy voy a hablar de profecías que se están cumpliendo en nuestro tiempo.
Para empezar, vamos a leer lo que San Pablo dice con Palabra De Dios a los encargados de «apacentar a La Iglesia De Dios».

[Hech.20.28] Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a La Iglesia De Dios, que ÉL adquirió al precio de su propia sangre.

Les ordena que velen. Y acto seguido pronuncia esta profecía:

[Hech.20.29] Yo sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño.

¿De quienes está hablando? ¿Quienes son los «lobos rapaces» que no perdonan al rebaño?
Creo que todo el que viva en este tiempo sabrá identificar rápidamente quienes son los que imparten El Perdón De Dios, y quienes se niegan a hacerlo arguyendo que «¿quien es el hombre para perdonar pecados?», y negándo al rebaño la posibilidad de que quienes sí se los pueden perdonar lo hagan, bajo el pretexto de que son hombres, también pecadores. Pero, ¿Por qué no aplican esta misma lógica también al Bautismo, etc? ¿O es que estos autoproclamados «pastores» no pecan?

 

Para más señas, sigamos leyendo esta profecía:

[Hech.20.30] Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas.

Un ejemplo de «doctrina perniciosa», -y por supuesto antibíblica-, es, el de confesar los pecados diréctamente con Dios. Eso no es bíblico, sino un invento de los «pastores» que por supuesto no está en La Biblia. Tampoco es lo querido por Dios.
Es una gran contradicción pretender el perdón de los pecados mediante la realización de otro pecado: Pues cuando se hace esto, -ignorar el mandato y el orden establecido por Dios para que prevalezca el de cualquier otro-, es decir, cuando uno trata de confesar los pecados directamente con Dios, se cae en pecado de desobediencia, de orguyo, y de arrogancia al pretender que la voluntad propia esté por encima de la de Dios.

Jesús, Dios, estableció ministros sullos, a los que envió con Su Espíritu Santo, para realizar esta tarea. Así es como Dios lo quiere, esta sí es Su Santa Voluntad:

[Jn.20.21] Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes».
[Jn.20.22] Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo.
[Jn.20.23] Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Jesús, envió a los apóstoles, a los que les dio autoridad Católica. Esto significa que aunque el acjto de Perdón se realice en la Tierra, la Jurisdicción alcanza al Cielo, como acabamos de leer.

Entonces, en una cosa sí que tienen razón estos pastores: ¿Quienes son ellos para impartir El Perdón De Dios?
En verdad ellos no tienen ninguna autoridad, ya que en el siglo XVI la perdieron al separarse de La Iglesia De Cristo.

 

Se salieron arguyendo que La Iglesia Pecaba de Simonía. La Simonía tiene nombre de Simón el mago, y consiste en la venta de los Dones de Dios.

[Hech.8.18] Al ver que por la imposición de las manos de los Apóstoles se confería el Espíritu Santo, Simón les ofreció dinero,
[Hech.8.19] diciéndoles: «Les ruego que me den ese poder a mí también, para que aquel a quien yo imponga las manos reciba el Espíritu Santo».
[Hech.8.20] Pedro le contestó: «Maldito sea tu dinero y tú mismo, porque has creído que el don de Dios se compra con dinero.
[Hech.8.21] Tú no tendrás ninguna participación en ese poder, porque tu corazón no es recto a los ojos de Dios.
[Hech.8.22] Arrepiéntete de tu maldad y ora al Señor: Quizá él te perdone este mal deseo de tu corazón,
[Hech.8.23] porque veo que estás sumido en la amargura de la hiel y envuelto en los lazos de la iniquidad».

La reacción de San Pedro es:
1) maldecirle (Hech.8.20);
2) vetarle de por vida la posibilidad de ser ordenado ministro (Hech.8.21);
Y 3), Retenerle ese pecado (Hech.8.22-23).

 

Los «pastores», encabezados por Lutero, Calvino, etd, en lugar de usar los mecanismos internos con los que podrían corregirlo -si en verdad fuera cierto-, avandonaron La Iglesia De Cristo probocando un gran cisma, argumentando que La Iglesia estaba pecando de Simonía, pues ellos interpretavan erróneamente que La Iglesia vendía indulgencias.
Pero desvelan sus malas intenciones, cuando son ellos los que en efecto, están cobrando por «pastorear», por predicar, por realizar oraciones, por alavanzas, por obrar «milagros», y por otros muchos espectáculos.
En efecto, invitar a un «pastor» de otra congregación, no sale precisamente barato, hasta el punto, que algunas «iglesias» no se lo pueden permitir los primeros dos ó tres meses.

[Mt.10.8] Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios.
Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.

 

Estos «pastores», pueden predicar lo que se le apetezca en cada momento, lo que se les venga en gana, incluso el error. Y no hay forma de corregirles, sino que, por el contrario, el simple hecho de decirles que se han equivocado, te deja fuera de su «cobertura» (otro ejemplo de «doctrina perniciosa»).

Sin embargo, en La Iglesia De Cristo, la doctrina es fiable, inmutable, revisada constantemente durante ya 20 siglos, sin encontrársele ningún error.
Además, si alguien predica cualquier «otra cosa», -aka «doctrina perniciosa»-, La Iglesia dispone de mecanismos para convatir el error. Llendo a lo práctico y concreto: Si un Sacerdote usa el púlpito para sus propios discursos, interpretaciones erróneas, o causas distintas a La Iglesia, se le puede corregir, y según la gravedad, sancionar canónicamente.

En este punto, sé que alguien podría decir, que los pastores pueden ser «disciplinados»… Pero son ellos los que deben evaluar las causas contra ellos mismos y la sanción, lo que en la práctica significa, que un pastor puede rechazar cualquier «disciplina» impuesta, o incluso, determinar que su falta está justificada, o que según su propia interpretación de La Biblia, no comete pecado, y así salir airoso de todo lo que se le antoge.

 

[1Tim.6.2] […] Enseña todo esto, e insiste en ello.
[1Tim.6.3] Si alguien enseña otra cosa y no se atiene a los preceptos saludables de nuestro Señor Jesucristo, ni a la doctrina que es conforme a la piedad,
[1Tim.6.4] es un ignorante y un orgulloso, ávido de discusiones y de vanas polémicas. De allí nacen la envidia, la discordia, los insultos, las sospechas malignas
[1Tim.6.5] y los conflictos interminables, propios de hombres mentalmente corrompidos y apartados de la verdad, que pretenden hacer de la piedad una fuente de ganancias.
[1Tim.6.6] Sí, es verdad que la piedad reporta grandes ganancias, pero solamente si va unida al desinterés.
[1Tim.6.7] Porque nada trajimos cuando vinimos al mundo, y al irnos, nada podremos llevar.
[1Tim.6.8] Contentémonos con el alimento y el abrigo.
[1Tim.6.9] Los que desean ser ricos se exponen a la tentación, caen en la trampa de innumerables ambiciones, y cometen desatinos funestos que los precipitan a la ruina y a la perdición.
[1Tim.6.10] Porque la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos.

 

Ellos salieron de entre nosotros, por que no eran de los nuestros. Pero esto también está profetizado por Juan, quien lo expresa en tiempo presente aunque se refiere al futuro, fórmula usada en numerosísimas ocasiones desde el Antiguo Testamento. Ahora estamos viendo cumplida esta profecía:

[1Jn.2.18] Hijos míos, ha llegado la última hora. Ustedes oyeron decir que vendría un Anticristo; En realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora.
[1Jn.2.19] Ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros. Si lo hubieran sido, habrían permanecido con nosotros. Pero debía ponerse de manifiesto que no todos son de los nuestros.

Figémonos que habla de «anticristos». Esta palabra es muy dura, y significa una verdad que ya espresó Jesucristo:

[Mt.12.30] El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo
, desparrama.
[Mt.12.31] Por eso les digo que todo pecado o blasfemia se les perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.

 

Es seria la cosa. Es un pecado que no será perdonado, lo afirma El Señor. Nos interesa pues, saber en qué consiste exactamente, para estar prevenidos. Por eso, sigamos leyendo:

[Mt.12.32] Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el futuro.

El insulto, -y más si es blasfemo-, es grave; tanto que Jesús dice que el que insulta será castigado por el Sanedrín (Mt.5.21-22). Pero si nos fijamos en el versículo que acabamos de leer, lo realmente grave, -lo que no puede ser perdonado-, es hablar contra El Espíritu Santo. Hablar contra el Espíritu Santo se puede hacer con palabras muy suaves y dulces al oído, sin imprecaciones, sin groserías, incluso, con apariencia de profundo amor. Cuidado. La Iglesia Católica está guiada por El Espíritu Santo, aquel que fue dado espresamente por Jesús para el Perdón de los pecados, aquel que descendió sobre La Iglesia naciente, el día de Pentecostés.

 

 

 


Borrador, por Ignacio Jonatan Hernández López, en Mérida (Badajoz), el 25/12/2017.

Comente con respeto por favor. Los comentarios son moderados manualmente, por lo que puede que tarden en ser aprobados. La publicación de los comentarios queda a mi discreción.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.