De órganos, guitarras y formas de tocarlas en la Iglesia

Pocas iglesias -y cada vez menos- disponen de órgano. No sólo por que sean caros, si no también, por que dicen que no hay quien los toque, cuando la realidad es que los mismos que lo dicen probocan la situación impidiendo tocarlos.

Y es que en realidad, -en especial a los Curas más modernos-, les sobran los órganos, no los quieren… Si a algunos de ellos les sobran hasta las pilas del Agua Bendita, los reclinatorios y los confesionarios… Pero esto ya es harina de otro costal.

En la inmensa mayoría de parroquias, sólo se le permite tocar el órgano a un Organista ordenado que toca más bien poco, -3 ó 4 veces al años, casi esclusivamente cuando viene el Obispo-, sin importar que haya más gente capacitada para hacerlo.

Entonces, hablemos claramente: Son las parroquias quienes impiden el uso del órgano, forzando de esta manera a usar guitarras como alternativa al órgano, cuando deberían usarse como complementarias a él, o, dado el caso que no se toque órgano, como armonía principal.

Sí. La guitarra se puede tocar con la dignidad que corresponde a un acto litúrgico, aunque no todos estén capacitados para ello por cuestiones más de sensibilidad que de técnica:

  • Con la máxima perfección de que el ejecutante sea capaz; Sin nada de ruiderío, es decir, prefiriendo que falte una nota a que sobre;
  • Con afinación esquisita; Con especial cuidado en la ditonía en bajos si se toca en conjunto con el órgano;
  • Guiando en cuanto al tono de partida a las voces, y, dado el caso, adaptándose a ellas;
  • Cuando acompaña al coro o a los celebrantes, siempre en un segundo plano, como un soporte para las voces, a las que nunca debe tapar, sino que, por el contrario, las ha de enfatizar;
  • Si ha de hacer algún sólo, que sea para ayudar a generar el ambiente que requiere el momento;
  • Con ejecución más armónica que rítmica;
  • Sin que destaque; Con discrepción y saber estar;
  • Completamente compactada en una unidad, no sólo con el coro, sino, con los celebrantes y la oración de la congregación;
  • En resumen: Como parte acompañante y de apoyo del coro, los celebrantes y la congregación reunida, integrada en el contexto de la liturgia.

Yo he asumido, -no se cuan correctamente, y me encantaría equivocarme-, que en mi parroquia sucede como en la mayoría, dado que he visto que el órgano se toca muy escasamente, sólo en «celebraciones especiales» (o «de lucimiento», otra harina de aquellas), siempre por la misma persona, el organista ordenado.

Por eso, aunque yo toco bien el órgano, (y seguro que hay más gente apta para ello), no me he atrevido siquiera a proponerme; en especial, por que si es como presumo, estaría incomodando al párroco, que también tendría que lidiar con una situación que le viene impuesta. Por eso, yo sólo me ocupo de armonizar con la guitarra, con toda la dignidad de que soy capaz.

Lo que si tengo claro es, que si me entero que en alguna de las poquísimas parroquias que quedan con órgano por estos lares necesitan organista, allí que me voy con los ojos cerrados.

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11 comentarios sobre “De órganos, guitarras y formas de tocarlas en la Iglesia

  1. Hola Joni:Felicidades al coro. Soys unos móstruos, (y no lo digo por lo feo, jajaja). Tocáis y cantáis muy bien, con mucho atino… Al menos a mí me ayuda mucho a interiorizar la Eucaristía.Yo también creo que lamentablemente es como tu sospechas, un coto cerrado, y luego lamentan que se pierda el órgano y hablan marabillas de su belleza.Ciértamente que un órgano bien tocado es muy bello. Pero, es que estamos acostumbrados ya a que lo toquen tan rematadamente mal…PD.: Cuidado con la lluvia, que la guitarra se encoje.

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  2. Saludos, aunque no sé quien eres, jajaja. ¡Enseña la patita por debajo de la puerta, por favor!Gracias por la felicitación. Me ayuda mucho conocer tú opinión del coro en conjunto. Ah… la guitarra pequeñita… ¿Qué tal sonó? Es un ukelele de 6 cuerdas (guitalele), pero veo que dió el pego como guitarra mini. Es que se me hechó la hora encima, y ya no tenía tiempo para volver a casa a por la guitarra sin llegar tarde al ensayo…En cuanto a lo del órgano, tampoco quiero aventurarme, símplemente lo dejo en suspense.

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  3. Oh, que intriga… Quien seré… :)El invento ukelele-guitarra ese me gustó. Aunque solo no lo he escuchado, lo que si te puedo decir es que conjunta perfectamente con la guitarra. Yo tenía entendido que los ukeleles tenían un sonido más… no sé como decirlo… ¿estridente? pero eso suena muy dulce.

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  4. Acavo de imprimir esto para llevarlo al cura y al coro. En especial, estos tips que das sobre como tocar la guitarra en la iglesia, por que algunos tocan que se creen que estan en la feria de Sevilla y otros en los carnavales de Cádiz.

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  5. Hola. Te cuento mi experiencia. Yo soy pianista profesional. Una vez me ofrecieron/obligaron tocar el órgano en la boda de un amigo, y me topé de frente con todas sus diferencias. Cuando no tienes pedal de sustain ni de expresión, ni sensibilidad en las teclas, y el «volumen» es general, cuando las distonías matan, los sonidos no comienzan inmediatamente en el punto culmen de su amplitud, sino que hacen un fade-in aunque sea rápido, (esto nadie lo nota tanto como el que toca), y por si fuera poco, el momento de soltar las teclas, cosa tan descuidada en el piano, marca el ritmo… me quedé elado. La gente no iva a esperar ni a aguantar mis ensayos para que tocara la marcha nuncial, sino, que tenía que ser ya… En resumen… el tema salió, con sus más menos que mases, y desde entonces estuve aprendiendo a tocarlo. Ahora, que puedo decir que sin ser un esperto, sé, me encuentro en la situación que describes, y que no es otra, que es intocable por alguien que no sea aquel a quien han nombrado organista. Si te sirve de algo, te digo que Entiendo tu frustración, que también es la mía. Ya sabes, «mal de muchos».

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  6. A mí me parece que hablas según tus gustos, y también pienso que estamos todos empeñados en conectar con la juventud, y a ella le gusta más un coro con guitarras y demases -en el cual, por otra parte, pueden participar muchos más que en el órgano, unipersonal-. En cualquier caso, habría que ir a los documentos de la Iglesia. Yo sé dos cosas: que la guitarra está admitida, aunque creo que con matizaciones; y que el Vaticano II, en la Constitución sobre liturgia -para que se quede contenta Mariser-, se pide a todos una «participación atenta, consciente y fructuosa»; y, si bien es cierto que la mejor participación es interior, estos coros facilitan a los jóvenes la participación, y también -como prueba Don Anónimo en la primera apostilla-, en principio, a todos los demás.En cualquier caso, me parece más preocupante esa mentalidad que revela una palabra que empleas, cuando hablas de los «Curas más modernos». ¡Ojo! Despidámonos -lo pido por favor- de las palabras que dividen: «progres y carcas», «rojos y fachas», «modernos y tradicionales»… Son palabras que engendran división, y la división es madre de las guerras. Pero mejor me entenderás en un artículo de mi blog: https://soycurayhablodejesucristo.wordpress.com/2014/02/13/arrojo-al-mar-palabras-que-dividan/

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  7. Lo de «curas modernos» no iva por dicotomías políticas sino por llamar de una forma suabe pero distintiva a los que realizan tales barbaridades.Y para que se quede contenta mariser, esas «puntualizaciones» las he tenido en cuenta a la hora de escribir, aunque no las haya citado… Ese tema ya está muy quemado, el de los que demonizan la guitarra vs los que la quieren meter hasta en la sopa, sin llegar a imaginar que hay un uso correcto… (No es mi intención lebantar flames).

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  8. En realidad, no es culpa tuya. Supongo que, en último análisis, depende de la configuración de nuestro conocimiento y, por lo mismo, de nuestro lenguaje. Y esa es la clave de que -según yo creo entender- nadie pueda contestar a esta pregunta: ¿por qué será que, cuando ponemos un adjetivo calificativo a alguien o algo, lo estamos separando de los demás? En efecto: paréceme a mí que el que pudiera contestar sería alguien que estuviese fuera del humano conocimiento y del humano lenguaje. Dios es el ejemplo más seguro.Y sin embargo, no hay que olvidar: «Os exhorto, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos tengáis un mismo lenguaje» (con sus consecuencias incluidas) «y a que no haya divisiones entre vosotros, a que viváis unidos en un mismo pensar y en un mismo sentir» (con unas mismas consecuencias) (1 Cor 1,10).

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