El canto del rito de la paz. Necesito razones.

Sin grandes pretensiones, el otro día escribí un artículo a modo de síntesis o resumen de los cantos de La Santa Misa, que tuve que corregir ya que recibí varias quejas, (¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!), y me quedó un asunto pendiente por tratar, sobre el cual aún estoy dando bueltas.

Según he podido encontrar buscando por internet, «

El canto del «Agnus Dei» se introdujo en la liturgia romana (finales del siglo VII) para acompañar a la fracción del pan.
En los siglos IX-X, el canto se desplazó al momento del rito de la paz.
El ordo missae renovado tras el concilio Vaticano II ha devuelto el canto del agnus Dei a su primitiva ubicación

», es entonces cuando, -quizás por necesidades del sentir del pueblo, o tal vez por la inercia de la costumbre-, se introdujo el canto del rito de la paz como un nuevo canto, respetando el del Cordero De Dios en su lugar.
Pero, en Agosto del 2014, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, mediante un documento titulado «El Significado Correcto del Rito de la Paz», en su numeral 6º, se ha pronunciado en el sentido de pedir que se evite este canto, al que tacha de abuso, con las palabras: será necesario que en el momento de darse la paz se eviten algunos abusos tales como: La introducción de un “canto para la paz”, inexistente en el Rito romano.

Las razones que manejo para evitar este canto son pues:

  1. La CCDDS indica la necesidad de evitar este abuso;
  2. No está ordenado en el Rito Romano;
  3. la gente de el coro se evaden de dar la paz, en especial los que tocan instrumentos por razones obvias, o al menos no lo hacen dando la mano;
  4. rompe el ritmo de la celebración alargando [¿innecesariamente?] el rito de la Paz;
  5. distrae a la asamblea de su atención en Jesucristo, que en ese momento está sobre el altar en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

Por su parte, las razones que manejo favorables a este canto son:

  1. Podría tratarse de la expresión del pueblo manifestando sus necesidades de aumentar la relación como comunidad fraterna.
  2. Algunos de los «contras» son subsanables:
    1. Que dicho canto sea corto
    2. Que la letra nos recuerde que Jesús está en El Altar.

    Sin embargo, el resto de contras son insalbables sin modificar el rito, en cullo caso, la actitud correcta creo que no es la vía de los hechos consumados, sino, como mínimo proponerlo formalmente.

Podrían ustedes dar más razones para añadir a una u otra de las listas, por favor? En especial me faltan argumentos para sí cantarlo, por que si lo hacen, será por algo. ¿Quizás la indicación de no cantarlo sea sólo una preferencia más a considerar?

Necesito ayuda en cuanto al examen de este acto:

He de admitir que el canto del rito de la paz, -al menos mientras resuelva este conflicto interior-, me roba paz:
No quiero pecar, no me gustan los abusos litúrgicos y quiero obedecer las indicaciones y valoraciones del magisterio en todo lo que esté en mi mano, tanto las órdenes como los consejos.
Pero tampoco quiero perturvar la comunidad en la que quiero servir.

Creo que no cometo pecado mortal haciéndolo, ya que no tengo conocimiento suficiente, ni siquiera conozco la gravedad de la materia, y por eso tampoco consiento libremente, sino que me limito a obedecer, y además, ya he manifestado mi posición en este asunto.
No obstante, necesito que un Sacerdote me oriente, acerca tanto de los escrúpulos como de la lapsitud.
¿Quizás estoy exagerando y no es para tanto? ¿Es correcto que me limite a obedecer confiando en el buen hacer, o es autocomplaciente?

Quedo a espera de las collejas, que sé que me lloverán.

5 comentarios sobre “El canto del rito de la paz. Necesito razones.

  1. Es muy difícil encontrar un «Cordero De Dios» cantable con guitarras, y los que hay repiten trozos, modifican la letra que ha de ser fija, son demasiado largos, o todo a la vez… Y claro, sobretodo el problema es la longitud, que alarga el rito o invade el de la paz empezando antes, cosa que como comentas ya corrigió el Vaticano II… Por esto se canta durante el rito de la Paz, y el Cordero De Dios se recita.

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  2. 1. Con la guitarra también se pueden acompañar las líneas puramente melódicas, en las que el rítmo no está basado estrictamente en un tempo, sino que es basado en «frases», o de ritmos de tempo variable. Es que la gente suele pensar que la guitarra sólo puede hacer ring rang tin tan pum. No. También puede hacer arpegios, líneas de bajos, armónicas y melódicas, incluso varias de ellas simultáneamente. Con esto vengo a decir, que tal vez esos cantos que dices que no sean «tocables», puede que en realidad sí lo sean.2. Sí hay cantos de «Cordero De Dios» tocables con la guitarra culla letra se ciñen estrictamente a «Cordero De Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero De Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Cordero De Dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz». Si no los hubiera, o no te gustan los que hay, compón nuevos, o quita lo que sobra a los que casi se ajustan.3. Sí creo que el canto de la paz se deba a un artificio para introducir en ese lugar un canto sin adelantar el «Cordero De Dios». Una forma de hacer lo mismo que se venía haciendo, pero sin ahcer lo mismo que se venía haciendo y que la Iglesia corrigió… Un sí pero no pero sí de esos….

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  3. Yo no sé de música. No puedo opinar en ese terreno. Pero otras cosas sí puedo decirlas. Y la primera es que estoy plenamente de acuerdo contigo en que ese canto hay que olvidarlo. Lo que tú transcribes es una indicación, o instrucción, de la Santa Sede. Mira: Si yo me compro una batidora, leo las instrucciones y luego hago lo contrario mismamente de lo que decían, todo lo que puede pasar es que me quede sin batidora y tenga que salir por otra. Pero el que a sabiendas incumple un mandato de la autoridad eclesial, ese tiene culpa. Las normas no dan igual. Cuando alguien las desdeña, desdeña a la Iglesia. Cuando alguien desdeña a la Iglesia, desdeña a Jesucristo, que «se entregó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella» (Ef 5,25). ¿Será posible algo de eso entre quienes acuden a la iglesia a encontrarse con Cristo?Ahora bien, eso es cierto como la roca es cierta: las normas están ahí, y no son opinables. Lo que ocurre es que tampoco podemos andar ni por la casa de Dios ni por la vida nuestra mirando al suelo para no pisar la raya, o al velocímetro para no pasar de 120. Somos hijos de Dios y, como te diría San Francisco de Sales, «Dios no es tan terrible con los que ama». Siéntete, Joni, esponjado y seguro, sereno, sin miedos y sin complejos cuando estés en el templo. Quienes se dejan acaparar por el escrúpulo hacen a Dios chiquito, como si fuera mezquino como para vengarse de los suyos. Y si ya has hablado de este asunto del canto de la paz, lo has explicado, has mencionado la norma, y ellos siguen tan ternes, tú no te perturbes más: busca una decisión prudencial, sin obsesión por el acierto, sin preguntar más de la cuenta (porque eso sería escrúpulo), y obra de acuerdo con ella. Y si quieres, me llamas a mí, que escupo en el suelo.Tengo, por lo demás, la opinión personal de que lo malo del rito de la paz está en cuán fácilmente se trivializa o, mejor todavía, se mundaniza. El canto fácilmente deriva en composiciones sensibleras que, o prescinden de Dios, o poco les falta. La gente saluda hasta el más lejano, y la iglesia se hace mercado. Se intercambian ósculos sugeridores de más secretas delicias. Recuerdo al que estaba un poco distraído y, cuando vio una mano que se le tendía, generosa, correspondió mientras exclamaba: «¡Hombre! ¡Faltaría «plus»! El sacerdote también baja, dejando abandonado al Señor sobre el altar, sin nadie que -incluso físicamente- lo custodie. ¡Buen momento para el profanador! Un rito de la paz así dado tendría que hacernos pensar en el paso que damos u obstruimos a la eficacia de la liturgia en nuestras vidas y nuestras Iglesias.Ante esto, Benedicto XVI (o Joseph Ratzinger antes de ser Papa, no lo recuerdo) pedía que diésemos la paz a pocas personas, limitándonos por ejemplo a los de delante y los de detrás. No hace falta más para el signo. Pero todo esto quizás esté de más no tardando, si es que llega a materializarse la iniciativa, del mismo Benedicto XVI o acogida en inicio por él, de trasladar la paz al momento anterior al ofertorio, haciendo eco (sacramental-simbólico) a las palabras de Jesús: «Si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, vete primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve después para presentar tu ofrenda» (Mt 5,23-24).

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  4. Me sirven de mucho tus palabras. Muchas gracias.Leyéndote se me vino a la cabeza una anétdota que me pasó hace dos años, que te voy a contar. No fue en Misa…, sino que estábamos María y yo vendiendo lotería por las mesas de las terrazas de los bares de la Plaza De España (Mérida), cuando me compran algunos décimos un par de muchachas, con las que conversamos un poquito… Entonces, extiendo la mano para cobrarle, y le digo la cantidad. Pero ella no se enteraba, sino que me estrechó la mano una y otra vez, hasta que su compañera le tuvo que decir: «¡Que no! ¡que te extiende la mano para que le pagues!». Puedes imaginar las risas y el sonrojo de todos…

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