Palabras peligrosas

Los que me conocen saben que no quiero etiquetarme según los dicotómicos estándares políticos.
Y no es que tenga una ideología distinta a las definidas tradicionalmente, sino que, por el contrario, trato de no ser en absoluto ideológico sino realista.

Sí. Contrapongo ambas cosas. Esto merece una breve explicación: No recuerdo quien fue, -puede que el Papa Benedicto XVI-, que dijo que la ideología es como un edificio sin ventanas. En él nadie quiere -y por eso tampoco puede- mirar al exterior, sino que tiene su propia realidad artificial, (luz, clima, etc).

Por esto, no me considero ni de izquierdas, ni de derechas, ni de centro, ni progresista, ni conservador… ni, [póngase aquí la etiqueta política-ideológica que a cada uno más le guste], sino Cristiano, seguidor y defensor de La Verdad, por que La Verdad con mayúsculas es Cristo, y El Camino, y La Vida.

Hay un Cura, al que yo tengo en gran estima, que a veces tachan de izquierdas y no se cuantas cosas más, (incluso puede que lo haga él mismo).
Pero yo *creo* que no, no es ideológico.

Pasa que no podemos permanecer ajenos a las realidades sociales de nuestro tiempo y nuestro entorno. No nos podemos quedar de brazos cruzados, tenemos que denunciar las injusticias, y también, que orar por los que sufren a causa de ellas, así como por el cese de las mismas.

Este gran hombre, con pivote central en el trabajo, ayer nos habló en la homilía de los modelos económicos-productivos, sus aportes y cadencias, y de las injusticias que en ellos encuentran apoyo.

Dentro de este marco puramente religioso, y sin apología políticas ni nada que se le parezca, -lo cual es muy mucho de agradecer-, nos leyó un manifiesto que está apoyado por La Iglesia, ya que refleja en muy gran manera, su doctrina social.
Las nueve peticiones que contiene, podríamos usarlas sin sonrojo, como plegarias.

Sólo puedo poner un «pero», y creo que debo de hacerlo:

En uno de sus puntos habla de «trabajo reproductivo», y sinceramente creo, que sin maldad. (EN SERIO).
En el contesto que se encuentra, no tiene pérdida de a lo que se refiere, sino que fácilmente se deduce que habla de los trabajos de crianza, educación, desarrollo, alimentación, guarda, curatela…, de la prole.

En pero, el término es muy desafortunado:

En primer lugar porque podría prestarse a tergiversaciones, y descontextualizándolo con mala leche a raudales, entenderlo incluso en el sentido de convertir (más bien pervertir) la reproducción misma en un trabajo laboral;

En cualquier caso, conviene evitarlo, ya que el lenguaje no es en absoluto neutral, y, en concreto, pretendiendo caprichosamente y no sin esfuerzo que estemos ante una excepción, el término ««trabajo reproductivo» o «trabajo de la reproducción» proviene y se usa exclusivamente en feminismo y economía marxista.

El problema es pues, que por más loables que sean sus peticiones, este documento es político, y, muy seguramente nos están colando un eufemismo, que ya se ha colado incluso en tratados de sociología y demografía, usurpando el lugar de términos como «natalidad», «crianza», «educación»…, etc, sesgándolos, y, por si fuera poco, empobreciendo el lenguaje.

Un comentario sobre “Palabras peligrosas

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