No resistan al espíritu santo

[Hech.7.51] ¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres.

[Heb.3.7] Por eso, como dice el Espíritu Santo: «Si oís hoy su voz,
[Heb.3.8] no endurezcáis vuestros corazones como en la Querella, el día de la provocación en el desierto,
[Heb.3.9] donde me provocaron vuestros padres y me pusieron a prueba, aun después de haber visto mis obras
[Heb.3.10] durante cuarenta años. Por eso me irrité contra esa generación y dije: Andan siempre errados en su corazón; no conocieron mis caminos.

[Heb.3.11] Por eso juré en mi cólera: ¡No entrarán en mi descanso!»

 

[Heb.3.12] ¡Mirad, hermanos!, que no haya en ninguno de vosotros un corazón maleado por la incredulidad que le haga apostatar de Dios vivo;
[Heb.3.13] antes bien, exhortaos mutuamente cada día mientras dure este «hoy», para que ninguno de vosotros se «endurezca» seducido por el pecado.
[Heb.3.14] Pues hemos venido a ser partícipes de Cristo, a condición de que mantengamos firme hasta el fin la segura confianza del principio.

[Heb.3.15] Al decir: «Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la Querella»,
[Heb.3.16] ¿quiénes son los que, «habiéndole oído», le movieron «querella»? ¿Es que no fueron todos los que salieron de Egipto por medio de Moisés?
[Heb.3.17] Y ¿contra quiénes «se irritó durante cuarenta años»? ¿No fue acaso contra los que pecaron, cuyos «cadáveres cayeron en el desierto»?
[Heb.3.18] Y ¿a quiénes «juró que no entrarían en su descanso» sino a los que desobedecieron?
[Heb.3.19] Así, vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad.

[Jn.3.18] El que cree en él, no es condenado;
el que no cree, ya está condenado,
porque no ha creído
en el nombre del Hijo único de Dios.

[Jn.3.19] En esto consiste el juicio:
la luz vino al mundo,
y los hombres prefirieron
las tinieblas a la luz,
porque sus obras eran malas.

[Jn.3.20] Todo el que obra mal
odia la luz y no se acerca a ella,
por temor de que sus obras sean descubiertas.

[Jn.3.21] En cambio, el que obra conforme a la verdad
se acerca a la luz,
para que se ponga de manifiesto
que sus obras han sido hechas en Dios».

[Heb.4.1] Temamos, pues; no sea que, permaneciendo aún en vigor la promesa de «entrar en su descanso», alguno de vosotros parezca llegar rezagado.

[Heb.4.2] También nosotros hemos recibido una buena nueva, lo mismo que ellos. Pero la palabra que oyeron no aprovechó nada a aquellos que no estaban unidos por la fe a los que escucharon.

[Heb.4.3] De hecho, hemos entrado en el descanso los que hemos creído, según está dicho: «Por eso juré en mi cólera: ¡No entrarán en mi descanso!» Y eso que las obras de Dios estaban terminadas desde la creación del mundo,
[Heb.4.4] pues en algún lugar dice acerca del día séptimo: Y «descansó Dios el día séptimo de todas sus obras».
[Heb.4.5] Y también en el pasaje citado: «¡No entrarán en mi descanso!»
[Heb.4.6] Por tanto, quedando en claro que algunos han de entrar en él, y que los primeros en recibir la buena nueva no entraron a causa de su desobediencia,
[Heb.4.7] vuelve a señalar un día, «hoy», diciendo por David al cabo de tanto tiempo, como queda dicho: «Si oís «hoy» su voz, no endurezcáis vuestros corazones»…
[Heb.4.8] Porque si Josué les hubiera proporcionado el descanso, no habría hablado Dios más tarde, de otro día.
[Heb.4.9] Por tanto es claro que queda un descanso sabático para el pueblo de Dios.
[Heb.4.10] Pues quien «entra en su descanso», también él «descansa de sus trabajos», al igual que Dios de los suyos.

[Heb.4.11] Esforcémonos, pues, por «entrar en ese descanso», para que nadie caiga imitando aquella desobediencia.

[Heb.4.12] Ciertamente, es viva la Palabra de Dios y eficaz, y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta las fronteras entre el alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos y pensamientos del corazón.
[Heb.4.13] No hay para ella criatura invisible: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta.

[Heb.4.14] Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos (Jesús, el Hijo de Dios) mantengamos firmes la fe que profesamos.
[Heb.4.15] Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado.
[Heb.4.16] Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna.

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