La Hostia y La Madre que le parió

Aunque el título pueda sonar irreverente, no se asuste, verá que no lo es cuando lea el artículo.

 

Hostia, Cáliz, Pan, Vino

 

Cuando mi madre me dice que me va a dar una hostia, -así escrita, con minúsculas, yo sé inmediatamente que no me tiene reservada una «pieza plana de pan ázimo, redonda y muy fina, que el sacerdote católico consagra durante La Misa y da a los fieles en la comunión» (entrecomillado la definición del diccionario), sino que he de parar de hacer lo que sea que le esté molestando, so pena de sufrir un impacto de una de sus manos abiertas en mi cara.
Cuando le llama santa, yo sé que lo que tiene de santa no es que esté transustanciada en el Sacratísimo Cuerpo de Jesucristo, sino que habla a modo comparativo, del inmediato poder transformador que ejerce sobre mi conducta.
Y si pronuncia la palabra santísima, mejor es que desaparezca del lugar, por que la penitencia impuesta es inminente.

Sigue leyendo «La Hostia y La Madre que le parió»

Anuncio publicitario