¿Y ahora qué?

Salmo 88

En el primer fragmento el salmista invoca a Dios, para rogarle por la situación que dibuja con palabras.

Es una plegaria modelo, en la que se presenta a Dios las necesidades, con total sencillez;
Algo así como el No tienen vino de la Santísima Virgen María en Las Bodas De Caná.

 

En el segundo continúa describiendo su miseria, reclamando a Dios la atención que ha perdido a causa de los demás.

 

Después, en el siguiente, se desahoga echando sobre Dios la carga de sus aflicciones, atreviéndose a echarle en cara todo aquello negativo que le ha pasado, aciéndole responsable incluso.

 

Luego, en el cuarto, como auxilio recibido de Dios, se serena al tomar conciencia de que el poder reclamarle a Dios sus desgracias, es esperanza suficiente por que Dios le escucha:
Inquebrantable premisa mayor que expresa con la aseveración, «Desde temprano te llega mi plegaria».

Y tan temprano en verdad:

 

No ha terminado su plegaria que ya está recibiendo el auxilio de la esperanza.

Él muestra su esperanza en Dios, argumentándola en que aún está vivo.
Sabe que aún vive por que puede dar gracias a Dios, proclamar su amor y fidelidad, anunciar sus maravillas, su justicia… Reconociendo los prodigios que Dios hace por él, consistentes en que aún en el abandono el pueda seguir reclamando su ayuda…

Entonces solo queda preguntarse sinceramente, sin ánimo de reclamo ni mucho menos de revancha:
«¿Por qué me rechazas, Señor? ¿Por qué me ocultas tu rostro?», ahora en un tono más racional/racionalista.

 

Por último, sigue reclamándole como en el tercer fragmento lo hacía, tal vez concluyendo aquella plegaria satisfecha al recibir el auxilio de Dios, que habría quedado a medias, o tal vez ahora con conciencia de que así recibe consuelo.

Es que somos cabezones muchas veces, y después de tener lo que pedimos, lo seguimos de alguna forma reclamando, para que no nos vuelva a faltar, y/o por cierta inercia, y/o por que aún nos dura el enojo:
Dios entiende el corazón.

En esta ocasión, aumenta el alcance de su reclamo a aquellos que le han abandonado y ahora están en su contra.
Un regateo que sin duda Dios acepta:
Me has ayudado en aquello, ahora ayúdame en esto también para terminar la faena. 🙂
Me recuerda a la intercesión de Lot.

 

¡Hasta aquí!
¡Ya es suficiente!
¡Se acabó!
¿Y ahora qué?

Dios le ha escuchado, como él sabía que lo hacía, y le ha sanado.

Ya no tiene necesidad de más reclamar. Ahora llega el momento de Gloriar a Dios, Cantar sus maravillas, como le ha sanado, etc, y ello lo hará en muchos otros salmos.

 

Es muy importante reconocer el «Hasta aquí», para no quedarse estancado, sino continuar adelante, dándo gracias y alabando a Dios, que tras la tempestad llega la calma, y es allí donde debemos fijar nuestra esperanza, en Dios.

Si nos estancamos, podemos no reconocer lo recibido, algo que sería muy triste e injusto;
También podríamos acostumbrarnos a la autocompadecencia… idem…

 

Canto.
Salmo de los hijos de Coré. Del maestro de coro.
Para la enfermedad; Para la aflicción.
Poema de Hemán, el Aborigen.

¡Señor, mi Dios y mi salvador,
día y noche estoy clamando ante ti:
Que mi plegaria llegue a tu presencia;
Inclina tu oído a mi clamor!
Porque estoy saturado de infortunios,
y mi vida está al borde del Abismo;
Ya me cuento entre los que bajaron a la tumba,
y soy como un inválido.

Tengo mi lecho entre los muertos,
como los caídos que yacen en el sepulcro,
como aquellos a los que tú ya no recuerdas,
porque fueron arrancados de tu mano.

Me has puesto en lo más hondo de la fosa,
en las regiones oscuras y profundas del abismo;
Tu indignación pesa sobre mí,
y me estás ahogando con tu oleaje.

Apartaste de mí a mis conocidos,
me hiciste despreciable a sus ojos;
Prisionero, sin escapatoria,
mis ojos se inundan de pesar.

Yo te invoco, Señor, todo el día,
con las manos tendidas hacia ti.

¿Acaso haces prodigios por los muertos,
o se alzan los difuntos para darte gracias?
¿Se proclama tu amor en el sepulcro,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se anuncian tus maravillas en las tinieblas,
o tu justicia en la tierra del olvido?

Pero yo invoco tu ayuda, Señor,
desde temprano te llega mi plegaria:

¿Por qué me rechazas, Señor?
¿Por qué me ocultas tu rostro?

Desde niño soy dévil y enfermo ,
extenuado bajo el peso de tus desgracias;
Tus enojos pasaron sobre mí,
me consumieron tus terribles aflicciones.

Me rodean todo el día como una correntada,
me envuelven todos a una.

Tú me separaste de mis parientes y amigos,
y las tinieblas son mis confidentes.

([Salmo 88])

Asta aquí
¿Y ahora qué?

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