Me sorprendí barriendo mis pedazos. Mi voluntad fue insuficiente

Email personal

Asunto:
Me sorprendí barriendo mis pedazos.
Para:
Don Miguel, El Cura Que Habla De Jesucristo.
De: Su servidor, el del blog vecino.
Fecha:
Un par de días ago.
Hora:
El reloj me comenta, informa, amenaza, advierte o recuerda que son más de las 07:20 y aún no fuy capaz de cerrar el ojo derecho… y el izquierdo tampoco.
Estado:
Desvelado.

Nota, este email no tiene nada de resumido ni de corto, y es totalmente por falta de capacidad. ¿Será el sueño y/o el insomnio? Pregunto por si me puedo excusar.

Sin más preámbulos procedo a soltarte… a soltarme… esto…:


Me sorprendí barriendo mis pedazos. Mi voluntad fue insuficiente. Me permití caer, y me permití admitir haber caído. No quise someterme a mi propia voluntad. No quise no haber perdido el control, sino que admití que lo perdí.

Ya el pasado ha pasado, -razono-, y es inútil desear cambiarlo. Me di cuenta que a veces empleo fuerza de voluntad en cambiar lo que ya ha pasado, y eso está fuera del su alcance de la fuerza atribuida a la voluntad.

No se trata de falta de fuerza, y a menudo me engaño. Me desgasto en el esfuerzo de lo que es imposible, -pero eso lo sé ahora-: No empujes, que el pasado no se mueve; Y aún me costó entender que tampoco el futuro, sino, y a durísimas penas, el ahora. Sin embargo, ¿Si pudiera, debiera? (That is one the cuestion)
No hay por qué tener todo bajo control.

ains (suspiro). Por algo será, que La Iglesia nos enseña sabiamente a pedir a María Madre Siempre Virgen que ruegue por nosotros en estos tan especiales dos momentos: El ahora, y el de cruzar el umbral de la puerta que lleva a la eternidad.

Y yo que he venido a hablar de mi libro, -por lo de Umbral, y por lo de centrarme en lo importante-, prosigo… Decía…:
Descubrí que era inexistente la tragedia que yo tenía por inminente. Se vale fallar; se vale perder el control; se vale admitir que nunca se ha controlado, que estaba engañado por mi mismo, y entonces entendí: Deseé no haber caído, y deseo no caer, pero sí, se vale. Y grave cosa… pues el pecado mata. Más, en el ámbito restringido de las ciencias espirituales (permítaseme la necedad), desconsiderando el pecado (vuelva a permitírseme), pues no pasa nada. Pero sólo no pasa nada cuando admites que no pasa nada, que se vale. Que puedes fallar, y fallas, y no puedes no fallar, y vuelves a fallar, aunque deseas no fallar…

Entendí la diferencia entre el deseo y la voluntad, porque mi voluntad no tiene fuerza, pero puedo desear. Sí. Puedo soñar, y, lo vi claramente, -y atiende por que esto es importante-:
Yo sabía que «la boca habla de la abundancia del Corazón». Jesucristo me lo enseñó. Pero resulta que no es el único tubo de escape (¡Atiende que hoy lo aprendí!):

Los deseos pecaminosos son el aviso de lo que tenemos en el interior.
¿Como te quedas con semejante sentencia? Léela una vez más.

Lo que hoy deseas, mañana puede salir por tu boca, y pecar. Y para entonces la fuerza de voluntad se antoja incapaz;
Además o ademenos, la voluntad tiene al deseo por maestro… Pero es mala estudiante. Y aprende lo malo. Y suspende en lo bueno.

Y el deseo… ¿Y el deseo?
El deseo es un mal educado. Nadie le ha enseñado; Nadie le ha ejercitado. El deseo desea, lo que desea desear, sin más, y se cree que no ha de dar cuentas, y haberlas haylas que dar. El deseo escandaliza a la voluntad, y yo ignorante, que no conocía al deseo, nunca lo eduqué. Mi deseo es un mal educado, mejor -o peor- dicho: un ineducado, un analfabeto, y hasta un muchito sinvergüenza.

Pero es mi culpa: Nunca le hablé de prudencia; nunca de recatamiento; nunca de sonrojos; menos de precaución.

Pero, a lo que iba… que ya he aprendido: Ya no invierto ni un kilogramo, ni un centímetro, ni un segundo más a ejercitar el músculo de la voluntad… total, no avanza. Debo ser conciente que lo tengo atrofiado, y me temo que vino así de fábrica.

Pero a quien sí le voy a meter caña, a quien sí le voy a reclamar, es a su maestro, el tal deseo. Más pregúntome, ¿Como hacer tal cosa? ¿Como funciona el canalla? ¿Donde vive para ir a buscarle y sacarle los mocos a bofetadas? ¡Avance! ¡Un! ¡Dos! ¡Tres! ¡Premio!…

Según mi reciente descubrimiento, ya que -reitero y me autoreferencio- «Los deseos pecaminosos son el aviso de lo que tenemos en el interior»… Pues bien. voy a escuchar la hasta ahora ignorada alarma. Y si hay malo en mi interior, pues deseos que con la voluntad rechazo avisan que tan negra está mi alma, he de atenderle de inmediato, e inundarme de cosas buenas que desbanquen a las malas.

No trataré nunca más de dejar de desear; no me siento capaz; no sé hacerlo. En pero, sí sé, creo y me siento capaz, de desear desear. No te ofusques, respira profundo, lee despacio:

[Pausa]

[Momento de dar un sorbito de Té]

Deseo desear lo que es bueno, de forma que el deseo, maestro de la voluntad, influya sobre el atrofiado músculo. Y Es que en mi interior también son los deseos lo que puedo guardar.

Que sí, mira lo que dice Jesús:

[Mc.7.20] Luego agregó:
«Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro.
[Mc.7.21] Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones,
las fornicaciones, los robos, los homicidios,
[Mc.7.22] los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades,
la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.
[Mc.7.23] Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre».

¿ves? Yo he tenido a bien llamarlo malos deseos, pero Jesús, más autorizado que yo, le llama malas intenciones. Que sí, hombre, ahí encabezando la lista.

¿Como oso? -preguntas oso- ¿Que por qué? Yo opino que una intención es quizás una forma de desear.

Avancemos. Sí, pa lante:
Me atrevo a decir, que la mayor parte del deseo de hoy, será la voluntad del mañana. Si lo prefieres, miralo así:
La voluntad es débil, siempre le vence el deseo, no importa cuanto haya que esperar.
Siendo así… Es más inteligente y sabio depurar el deseo que a la larga vence a la voluntad, que depurar la voluntad misma pero dejándola expuesta a la influencia del caprichoso sin freno.

En lugar de ejercitar la musculatura de la voluntad, que tiende a atrofiarse con tremendísima facilidad, voy a emplear ese mismo esfuerzo en limpiar el deseo. Es pagar el mismo precio por un bien futuro en lugar de presente: Invertir a largo plazo.

¿Pero como ejercitar el deseo? me dirás. Y respondo: El deseo se ejercita deseando desear lo que es bueno, y aprendiendo a aborrecer lo malo, y si no lo consigues, pues deséalo, ya que deseándolo estarás ejercitando el deseo.

Y, alma mía, no te olvides desear no caer, y saber que puedo caer. Y recordarme que se vale caer. Y desear levantarme otra vez. Da igual que me encuentre sin fuerzas, sólo desearlo, ¡que el deseo es maestro de la voluntad!

Puede que a veces no tengas fuerza de voluntad. Sin embargo no debes preocuparte por ello. ¿Quien dijo que ha de ser inquebrantable? Permítete fallar, Pero no te impidas nunca desear no fallar.

Decía hace un rato, antes del té, que «deseos que con la voluntad rechazo avisan que tan negra está mi alma», pero yo siento pensamientos, no deseos. Me convenzo, y corrijo; Debí decir que «pensamientos que con la voluntad rechazo avisan» y tal cual. Está bien: Sentir no es consentir, eso sí, rechazo, que caso contrario, de pensamiento también se peca. Pero corregí, pues los pensamientos no son deseos, sino que a veces proceden de ellos, y tengo que volver a admitir que no supe ver el deseo hasta que no se transformó en pensamiento.

 

Y no paro de fallar. Y mea culpa entono, que en esta, como en toda empresa Espiritual, Es El Espíritu Santo el MAESTRO de quien debo dejarme aconsejar, y escribí sin pedirle consejo. No Le pedí, y debí hacerlo, pero seguro estoy al completo, que ÉL nunca me desampara. Por mi parte, como vengo diciendo, me voy a permitir fallar, y no me voy a permitir desear haber fallado, y sí me voy a permitir desear no volver a fallar, y coherente corrijo:

Señor Ten Piedad.
Cristo Ten Piedad.
Señor Ten Piedad.

 

Hasta aquí, ni menos ni más, mi gran Miguél. Si has alcanzado a leer hasta esta línea , permíteme que agradeciéndotelo elogie tu paciente tenacidad: Hay que tener coj¿voluntad?

Bueno vale. Dejo de liarla.

 

Un abrazo, y A Dios sin más.

5 comentarios sobre “Me sorprendí barriendo mis pedazos. Mi voluntad fue insuficiente

    1. Hablemos claro: Si tienes deseo de realizar algún acto sexual que sabes que no debes, ese es un hecho, un deseo que ya tienes, y por lo tanto no puedes cambiar esa realidad y no tenerlo ni haberlo tenido. Probócate entonces el deseo de no hacerlo, por ejemplo, pensando en las consecuencias eternas del pecado. Y si no te es posible tener deseos de no hacerlo, por lo menos desea desear tener ese deseo de no hacerlo, y el de no desear sí hacerlo. En cualquier caso, no tienes una barita mágica ni rasques ninguna lámpara… Lo que expreso es sólo una ayuda: Pero si no te ayuda, seguramente puedas bibir como si esto nunca lo hubieras leído.

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