Quien es ese hombre

–P. Esteban: ¿Quien es ese hombre con el que ibas esta mañana que llevaba tu perro negro?
–Conciencia: ¿Caín, donde está tu hermano Abel?
–Yo: Manolo. Es un amigo.
–P. Esteban: Parece buen hombre.
–Conciencia: Falta que lo sea. ¿Sin acercarse «al BUENO», como va a poder merecer ese adjetivo?
–Yo: Sí… Le acompaño a pasear por las mañanas para que no esté sólo…
–Conciencia: Pero no le acompañas a Misa.
–En pensamiento: Conozco de su anticlericalismo.
–Conciencia: Pero no le has invitado a Misa.

¿Qué diferencia hay entre impedir activamente que acuda, tolerar su anticlericalismo, o desistir de evangelizar por «no molestar»?

La misma que entre matarle, ayudarle a morir, o dejar que él sólo se muera.

MEA CULPA.

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