Por el pecado muere Dios

Jesús de Nazaret, el Cristo, La Segunda Persona De La Santísima Trinidad, Dios, fue maltratado hasta el extremo, por el pecado.
ÉL cargó con nuestras culpas, las hizo suyas, y el peso de estas le aplastaron; Y al mismo tiempo, es nuestra culpa su Martirio, fuimos nosotros, hombres, quienes le colgamos en la cruz, como se cuelga un cuadro en la pared, pero con más clavos.

 

Y no se trata precisamente de una «muerte dulce» «de esas», o a saber que eufemismo inventarán las malas lenguas.
Fue un martirio amargo.

Para que no quede duda, cuando tubo sed, le ofrecimos vinagre, -que como habrá acertado a adivinar es… ¡vino agrio: amargo!-.

 

Y es que Jesús preguntó en una ocasión, -aunque fuere retóricamente-, justo antes de afirmar que SOMOS MALOS,
«¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente?» (Mt.7.9-10).

Pues vale… estando colgado de la Cruz, obtuvo la dolorosa respuesta.
Que el vinagre con yel es analgésico, lo sé, ¡pero no quita la sed, y ÉL quería agua!

 

¡Por el pecado muere Dios!

 

Que sí, que me acuerdo yo, que lo dice mi gran amigo, el que «Es Cura y habla de Jesucristo». Y además lo dice por que le da la real gana, ¡toma ya!
(Sí. Eso ha sido un enlace. Cuando le apetezca dele)
Y sepa usted: Eso lo compartimos, (la real gana).

 

Fue maltratado hasta la muerte por el pecado, y Jesús es Dios. Entonces afirmamos rotundamente el título de este artículo:
¡Por el pecado muere Dios!

 

Pero no por el pecado abstracto ese de la sociedad, si hombre, aquella que está allí, muy lejos de mi no vaya a ser que me salpique, y tan cerca cuando me interesa.

 

Sin duda que hay estructuras de pecado, y el Catecismo de la Iglesia Católica da debida cuenta y nos instruye sobre ellas.
Pero, insisto, «por el pecado muere Dios».

 

Por el pecado mío, tullo, suyo, nuestro, de aquellos, de los otros, de los de acá, los de ayá, y si me lo proponen, los del más allá…

 

Por el pecado concreto, aquel que no puede subsistir sin pecador. ya que no hay movimiento sin motor, ni ser contingente sin ser necesario (San Agustín);
Esto que usted lee sólo existe por que yo lo he escrito: Sin mi, este artículo no existiría. ¡Dígame que lo entiende!

 

Si entramos en afirmar que Dios muere por el pecado abstracto, o por aquel al que le damos personalidad propia para negar nuestra culpabilidad, o por estructuras de pecado incluso (sin necesidad del pecado propiamente), resulta que no muere por nosotros, y entonces ¿Cómo podría servir eso a la redención? ¿QUé? ¿Eh? ¿Eh?

 

Negarle el autor al pecado, es negar el pecado mismo, y aunque a mi gato que no tengo no le importe, a usted, querido lector, le debería importar:
Esto es cargarse de un plumazo el dogma del pecado original.

 

El pecado original, fue un pecado personal, Y por él entró, -por que nos la merecimos-, la muerte.
Pero, ¿Doña muerte donde estaba antes de entrar?
Expéteme, de estúpido yo:
“Si “entra”, es que estaba “fuera”»,
Y yo le negaré algo tan aparentemente obvio.

 

Realmente ocurre que el BIEN, (DIOS), «ES», y el Mal, «NO ES».
Adán y Eva fueron expulsados del Edén, Perdieron la inmortalidad en cuanto a la carne.
Luego, no es que ganen muerte, -que en ese caso sólo podría venir de… Dios, pues ÉL no es el autor del mal-; sino que pierden Vida, emanada de Dios, que es la VIDA: Pierden Dios (se desendiosan (permítaseme el palabroto)).

 

Abro paréntesis (

 

El mal existe, claro que sí. Damos ese nombre a la obra realizada libremente por Satanás, que consiste en la exclusión de todo ser, es decir de Dios, (el que «ES»), y su obra, (lo único capaz de subsistir en el «Ser», por que Dios lo mantiene), y por extensión el ángel caído se gana el apellido de maligno.

 

Entonces, donde aparentemente conviven bien y mal, lo que realmente ocurre es que no hay suficiente Bien. O dicho de otra manera, cuando una habitación está oscura, es por que no hay suficiente luz.

 

Un baso vacío se puede llenar, pero en un baso lleno no cabe vacío: Contemplemos este algo tan lógico, abstrayéndonos de sesudas teorías subatómicas, e incluso del aire que respiramos…
El Bien llena, construye, da Ser, el mal vacía, destruye, resta, mata: Pienso que no es necesario un proceso de raciocinio en exceso incendiador de serrín… -digo… neuronas-, para comprender entonces eso de que el Bien Es, y el mal No Es.

 

Y, es que, donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia Divina, gracias a Cristo. El Bien SIEMPRE venze al mal.

 

El mal se vence con el bien, pues donde no hay algo, hay vacío, y entonces, cabe algo; Mientras que el mal no puede vencer al bien, puesto que en la medida que destruyera lo que es, es decir matara, también se destruiría a sí mismo, dejaría de haber nada, o dejaría de no ser lo que no es.
Es muy lógico: En ausencia total de ser, no puede haber nada, ni siquiera mal.

 

¿Y por que sé que Dios, es el Bien, y además ES? ¿No puede ser el bien la excepción y el mal la regla?
Podríamos verlo en más escrituras, pero, centrémonos en los Evangelios. Jesús dice ambas cosas. Dice que El Padre es el superlativamente BUENO, cuando le llaman bueno a él, y también, afirma «Ser», y sus enemigos bien que entendieron que con eso se proclama DIOS. ¡Menúa la lió!

 

Cierro paréntesis ) y continúo diciendo.

Por el pecado muere Dios.

 

¿El pecado de Adán y Eva como me afecta a mí, y por qué?

 

Seamos claros. Si los padres viven en un lujoso apartamento con vistas al mar, los hijos que tengan, si nada lo remedia, vivirán en un lujoso apartamento con vistas al mar, y por cierto, exactamente el mismo apartamento en el que viven los padres, igual de lujoso, y con vistas al mismo mar. 🙂

 

Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne.

(Gn.2.24)

Y entonces podrán independizarse, y salir del lujoso apartamento con vistas al mar, para instalarse en un cuchitril apestoso o en un gran palacio, como quieran y puedan, siendo que lo segundo, lo de «poder», depende en gran medida, de lo que les haya provisto los padres.

 

  • Papá dios nos prové de VIDA,
  • Jesucristo hermano, de REDENCIÓN,
  • Nuestro Su Espíritu Santo, de los DONES necesarios para la SALVACIÓN, ya en forma directa/individual, ya en forma de servicio para/desde los demás,
  • Nuestra Santa Madre, la Virgen María, de consuelo e intercesión,
  • La Santa Iglesia de Su Sabiduría (Sabor de Dios), de Su Educación, Los Sacramentos, etc,
  • Abraam de La Promesa,
  • David de Su Reinado (en cuanto a Hermanos del Rey),
  • nuestros respectivos padres biológicos de sus bienes, de valores, afecto, fe humana, …,
  • y de nuestros abuelos,
  • nuestros abuelos de los suyos…
  • y, limitado para citar a todo el árbol genealógico, llegaría Adán y Eva, quienes siendo creados por Dios íntegramente, sin participación de cópula humana, nos transmiten tantos bienes que tenemos que valorar: la posesión del mundo, la Imagen y Semejanza de Dios,
    (y no me refiero a lo que Dios infunde directamente en nuestras almas, sino de la incorrupción que pueda quedar en la carne)…
    Nota: no juzgar su pecado, recuerden el 4º mandamiento.
    ¿A caso usted lo habría hecho mejor?

 

Incluso, pueden decidir olvidarlo, pero la realidad es tozuda y la verdad inmutable:

¡Por el pecado muere Dios!

 

Mire, palpe, escuche, tome, beba, rumíe, estas palabras, y no olvide de hacer click para leer el artículo completo… y el blog entero:

«Rogar a Dios en caridad por el alma de Jesús De Nazaret, muerto en Madrid (españa) el 20 de diciembre del 2013, cuatro días antes de nacer.»

«Jesús de Nazaret, descansa en paz y perdona como sólo tú savías hacerlo.»

 

¡Por el pecado muere Dios!

Y ¡POR AMOR AL HOMBRE RESUCITA!

 


 

PD.: He de reconocer que eso de que «por el pecado muere Dios» me resultó chocante. ¿Como que por el pecado? ¿No será por el hombre? Yo pensaba: «Habrá querido decir que por librar del pecado al hombre murió Cristo»… Hasta que logré comprender la inmensa propiedad de sus palabras y entender su dimensión real, que ahora, con este artículo, intento explicarla y compartirla, aunque puede que me haya ido un poco por las ramas, e incluso, que no me haya hecho entender adecuadamente. Clave: Cristo murió, matado por el pecado, para que resucitando, la muerte no tenga más la última palabra. Y cargó con mis culpas, las de los pecados que ya he acometido, tanto como por las derivadas de los pecados que cometeré… Dios es el Padre Bueno, que paga los rotos de sus hijos.

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