¿…Apologética…?

Por favor, no se desvirtúe la «apologética» en la «pelea de gallos» dialéctica a la que nos tienen acostumbrados los que podemos ver purulando groseramente por las redes sociales, chats, blogs y demás foros de internet.

En necio ejercicio de su soberbia, se emplean en derrotar a cualquier precio a su oponente para más inflamar su ego, debatiendo para arrebatar ¿la razón? en cualquier asunto, no importando cuan nimio sea.
Incluso, patéticamente, cuando sin percatarse caminan en la misma dirección, siguen contendiendo, intentándose regatear uno al otro la pelota de la pleiteada victoria.

No dudan en agredir en la propia imagen y honor, con escarnio de las creencias, y no en pocas ocasiones llegando al insulto (y si no a las manos es sólo por que la tecnología no lo permite).
Tampoco reparan en mentir, disfrazar la verdad, o no mostrarla completa, omitiendo lo que les quitaría la tan ansiada razón, esperando que el «otro» no se entere y no la alcance ni la eche en falta.

Se jactan de instrumentar sin escrúpulos asuntos de tan alta importancia como La Palabra De Dios y la realidad de los acontecimientos históricos.
Reclaman probatorio de cargo lo que al otro niegan validez siquiera como soporte de prueba.

Juegan sucio, muy sucio.
¡No! ¡Eso no es apologética! ¡No manchen tan noble ejercicio!

 

En consecuencia, parece inminente que suerte similar a la del término «proselitismo» está por acaecer a «apologética». Triste, triste, muy triste.
Por mi parte, yo sigo usando el término correcto, obviando las connotaciones de la modernidad.

 

Muy lejos de una mera técnica retórica hincha-egos, la «apologética» es la parte de la teología que defiende racional e históricamente La Fe, y por ende, una catequesis basada en la apologética, debe entenderse como la cátedra teológica de conocer racional e históricamente La Fe, y nunca como ningún ejercicio desvinculado de conocer y dar a conocer la realidad de La Fe por procesos racionales e históricos.
Es decir, -vengo a decir-, que si bien consiste en «la defensa de…», «la defensa de…» no puede ser la finalidad en sí misma, sino sólo un procedimiento. He dicho.

 

La Catequesis basada en la Apologética, implica estudiar nuestra Fe, incluyendo también lo que creen -o dicen creer para atribuirnos- que creemos, las muchas herejías, así como los cismas en que han desembocado. Por que desconocer la historia es condenarse a repetirla. Y hombre no precavido es hombre descuidado.
Enseñar solamente las verdades de Fe, hoy día, se sabe insuficiente. Es necesario pues, educar en los errores a prevenir, y en como combatirlos.

No podemos abdicar de dar razón de nuestra esperanza y pretender limitarnos a un programa educativo. Es necesario que nos comprometamos y demos respuestas a todas las objeciones, incluyendo tanto las manifestadas, como las previsibles, como las potenciales del entorno. ¡Sin miedo, cobardía, complejos ni pereza!

 

La educación integral en La fe, es un asunto que siempre me ha interesado y siempre he defendido.
Gracias a Mons. Robert Barron, Obispo auxiliar de la Archidiócesis de Los Ángeles desde 2015, hoy me siento autorizado a decir la cruda verdad que antaño me han hecho callar (aquellos que deberían procesar): La catequesis juvenil no funciona; Es necesario incluir la apologética. De todas forma, si no se hace en su momento, deberá hacerse cuando sea mayor y protestante, y para entonces, no siempre será posible, y en cualquier caso, ya no estará receptivo.
(Ver "Obispo Robert Barron declara en sínodo: "La catequesis juvenil no funciona" y pide una nueva apologética".)
Escuchemos las palabras del prelado:

La catequesis juvenil no funciona porque no da argumentos razonables para la Fe.
Los jóvenes dicen que dejan la Fe porque les parece que no es compatible con la ciencia
(aunque en realidad no sepan casi nada ni de fe ni de ciencia).
No conocen los argumentos católicos ni la tradición intelectual católica.

Mons. Robert señala que antes de dar las respuestas, es importante dejar que ellos formulen sus preguntas, más aún, animar a que lo hagan, dar espacio al preguntar (como explicaba este reciente estudio con jóvenes ex-católicos).
A partir del ejemplo de Jesús con los caminantes de Emaús, Barron pide hacer como Él hizo: primero, escuchar con amor; luego, «hablar con fuerza y claridad». Y eso implica la apologética, el «dar razón» con argumentación de la esperanza cristiana, que no es científica, pero sí racional y razonable.

 

En efecto, la apologética no es otra cosa que poner en práctica La Palabra de Dios puesta en boca de sus santos Apóstoles:

[1Ped.3.13] ¿Quién puede hacerles daño si se dedican a practicar el bien?
[1Ped.3.14] Dichosos ustedes, si tienen que sufrir por la justicia. No teman ni se inquieten:
[1Ped.3.15] por el contrario, glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen.
[1Ped.3.16] Pero háganlo con delicadeza y respeto, y con tranquilidad de conciencia. Así se avergonzarán de sus calumnias los que difaman el buen comportamiento de ustedes como creyentes en Cristo.
[1Ped.3.17] Es preferible sufrir por hacer el bien, si esta es la voluntad de Dios, que por hacer el mal.

[1Tim.6.2] […] Enseña todo esto, e insiste en ello.
[1Tim.6.3] Si alguien enseña otra cosa y no se atiene a los preceptos saludables de Nuestro Señor Jesucristo, ni a la doctrina que es conforme a la piedad,
[1Tim.6.4] es un ignorante y un orgulloso, ávido de discusiones y de vanas polémicas.
De allí nacen la envidia, la discordia, los insultos, las sospechas malignas
[1Tim.6.5] y los conflictos interminables, propios de hombres mentalmente corrompidos y apartados de la verdad, que pretenden hacer de la piedad una fuente de ganancias.

En este punto, algunos podrían señalar rápidamente a los pastores protestantes.
Pero no es menos cierto que otros buscan ganancias que no son en forma de diezmos monetarios, sino en forma de reconocimiento social, status, o varias y enfermizas satisfacciones personales tales como la de imponerse en cualquier ilusión que invente fruto de su gran capacidad imaginativa, imposición del ateísmo, desacreditar a los demás ridiculizando la verdad que conocen, como vampirismo emocional… y aquí entramos ya en el territorio de los desórdenes psicológicos.

 

Volviendo a la materia, admito que una cosa me preocupa: ¿Si «apologética» adquiere connotación negativa, como llamamos entonces a la exposición y defensa de La Fe usando la razón y la historia, o, cobardemente pasamos a condenarla, como pasa hoy día con el término «proselitismo»? (nos la vuelven a colar)

7 comentarios sobre “¿…Apologética…?

  1. Hola cacho feo.

    Que sepas que he anotado y subrayado con letra grande y rotulador bien gordote este párrafo:

    Lejos de una mera técnica retórica hincha-egos, la “apologética” es la parte de la teología que defiende racional e históricamente La Fe, y por ende, una catequesis basada en la apologética, debe entenderse como la cátedra teológica de conocer racional e históricamente La Fe, y nunca como ningún ejercicio desvinculado de conocer y dar a conocer la realidad de La Fe por procesos racionales e históricos.
    Es decir, -vengo a decir-, que si bien consiste en “la defensa de…”, “la defensa de…” no puede ser la finalidad en sí misma, sino sólo un procedimiento. He dicho».

    En cuanto a tu pregunta final, yo también seguiré usando el término correcto, obviando las connotaciones de la modernidad. De hecho, suelo ver caras de desaprobación y perplegidad cuando hablo de proselitismo, pero no me causa más molestias que la de tener que pedirles que lo busquen en el diccionario. No podemos abdicar, como bien dices:

    ¡Sin miedo, cobardía, complejos ni pereza!

    Ah, faltó que comentaras acerca del mantra «¡refutado!» que gritan para huir infantilmente, dando por concluido el lío en el que se han metido, del cual, de otra forma no pueden salir sin admitir su sinrazón.
    A mí me resulta muy cómico.
    A veces lo uso con mi hermana cuando discutimos, y acabamos la discusión a carcajadas.

    Gracias.

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  2. ¡Impresionante!
    Cuando desperté, vi los comentarios en facebook, y, me encuentro que uno que se hace llamar católico me dice hdp y otras lindeces, y uno que se hace llamar evangélico, enviado de satanás y hasta pederasta.
    ¿Que por qué? todo por haber cometido una falta al escribir, Lo que estaba mal escrito es «La Palabra de dios», así, con la «L» y la «P» en mayúsculas y las «d»s en minúsculas; siendo obvio que quise haber puesto «La Palabra De Dios», todo con sus mayúsculas, ya que hasta el artículo «La» lo capitalicé.
    Esto es muy triste, y peor cuando precisamente estoy hablando de la falta de caridad en la apologética; Y es que el católico me creía protestante, y el protestante, católico. No es por que me insulten a mí, que sinceramente me da igual, sino que Dios para ellos no es más que un pretexto para ejercitar lo que tanto les afana, la violencia.

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