Bienvenida a Casa, María

En mayo del 2014 me reencuentro por Facebook con María, una chica con quien había convivido entre los años 91 al 98 en un colegio de educación especial en Sevilla donde ambos estábamos internados.

Ya habíamos sido novios antes, y el día 14 de Junio del 2014, volvimos a retomar nuestro noviazgo.

Tan sólo un mes después, y gracias a la ayuda de Don Miguel Ruiz Tintoré, quien confiaba más en mí que en mi relación, el 26 de Julio, tras un accidentado viaje que me costaría 2 días entre trasbordos y el hecho de que tuve que retornar a mitad de camino por que había olvidado los billetes de tren necesarios para continuar el viaje, con sólo un bolso de mano y una maleta, llegué a Marbella para quedarme con ella, abandonando en Girona todas mis pertenencias.

De mientras, no faltó quien nos criticaba de precipitarnos. Por ejemplo, Don Esteban Sureda, mi padrino de Confirmación, sintió ganas de atarme con candado… (¿de castidad?), aunque, por otra parte, bien descansado quedó ese paciente gran hombre, que tanto y tanto tuvo que soportarme, y lo hacía con cariño y agrado.

 

María era una chica muy religiosa… pero en aquel entonces no se os ocurra decírselo, porque eso viene siendo un insulto para alguien protestante. Ella, y ellos en general, entienden por «religión» algo Abominable.

Tal fue la cosa, que de pronto y de repente, sin anestesia ni paliativo ninguno, me encontré nuevamente en un culto, con tremendo desorden, gritos, y estruendos micromacrofoneados.

Y allí estaba yo. Aguantando estoicamente una religiosidad basada en la música. Literalmente, como suena. Puede parecer romántico, bello…, pero no lo es tanto cuando has de aguantar Severas desgarradoras blasfemias, canciones y discursos sostenidos en su totalidad en muestras de desprecios con insultos hacia la Iglesia Católica, y a todo lo que a Ella recuerde.

Tuve que soportar barbaridades tales como cuentos en los que los Conventos de Monjas fueran prostíbulos y los Sacerdotes los clientes, y tratar de responder sin enfadarme que mal negocio sería ese… Sí. Tonterías así les enseñan, sin ningún rubor.

 

Tras cada culto, compartía pareceres o algo así, con María… Nunca callé la verdad y llamaba bien al bien y mal al mal… aunque se enfadara. Algunos sacerdotes con los que mantenía contacto por email me decían que yo tenía que dosificar la verdad… cosa que nunca entendí, y creo que nunca entenderé: No puedo estar de acuerdo en esa barbaridad.

Aún después de tanta experiencia, aún me sorprende y hiere grandemente, la capacidad y actitud generalizada de los hermanos esperados, de hacer como que escuchan e ignorarlo todo. Es frustrante; como hablar con la pared.

Hablas, argumentas, y parece que todo va bien, pero poco después descubres que no han asimilado nada de lo dicho, que te han ignorado olímpicamente, y cuando menos te lo esperas, siguen con las mismas que antes, como si nada, delante de tu cara de pasmarote. Es insultante, desesperante.

Para que una mínima mínima parte quede, Has de ser con ellos visceral. Hablar y actuar con una exagerada emotividad; con tal sobreactuación que te hace parecer payaso; que te da vergüenza; que quisieras evitar, pues te parece a ti mismo un insulto o falta de respeto para con ellos.

No termino de entender este extremo, aunque tiene lógica, pues es como hacen los «pastores»: es el lenguaje al que están acostumbrados. Y he de reconocer, que siempre he subestimado este recurso, pensando que no es necesario, que trato con personas capaces de entender los razonamientos más básicos… pero tal parece que hierro en la aseveración: Verdaderamente están cegados a un extremo difícil de asimilar. Me cuesta de asimilar.

Con toda razón podrían decirme que no les trato adecuadamente si lo hago así. Y no me sale, soy yo mismo quien me refreno por parecerme un trato indigno.

 

Todo o nada. Sí. Desde el principio pensamos en casarnos. Hablamos pues con el Sr Arzobispo de Marbella para que nos casase. y fuimos al pertinente curso prematrimonial.

Como se trataba de una boda interreligiosa, nos requirió un papeleo entre el cual se incluía mi Fe de Bautismo y lo que fuere equivalente en caso de ella.

 

Fuimos a hablar con «su pastor» para pedírselo, pero este le dijo que se estaba equivocando, que consultara esa noche con Dios y que pasado un tiempo de al menos dos semanas fuera y le comentara qué le había dicho Dios a ella.

El tiempo pasaba, los papeles eran necesarios, y Dios no se le apareció… Entonces, volvimos a hablar con dicho «pastor», y se negó tajantemente diciendo que él no tenía que expedir ningún papel,

 

La noche anterior fue muy «movida»; estuvimos a punto de romper la relación. Yo le intentaba contar la historia de aquella iglesia donde ella estaba, la iglesia evangélica de Filadelfia. Ella no conocía nada de Lutero, creía y sostenía que esa iglesia era la auténtica de Cristo. Que ÉL mismo había estado allí predicando… ¡Con la Biblia bajo el brazo! Lo que yo le contaba a ella le insultaba. Estaba a la defensiva, y ya no me soportaba. Y entonces, después de la negativa de «su pastor» y de habernos echado de su casa, le hice algunas preguntas delante de ella, acerca de Lutero y el origen de esa iglesia.

El «pastor» entonces respondió con rabia a mis preguntas, y, aunque en un sentido inadecuado y totalmente falto de caridad y de honestidad, su intervención rabiosa fue muy valiosa: María vio confirmado lo que yo le estaba contando del origen de aquella iglesia. Vio que ese pastor conocía a ese tal Lutero del que yo le hablaba, y escuchó de boca de ese personaje, que efectivamente aquella iglesia provenía de La Iglesia Católica. Previamente, yo ya le había leído donde La Biblia llama anticristos a los que se separan de La Iglesia, 1Jn.2.18-19. Esto le impresionó tanto, que en lugar de ir para nuestra casa como íbamos a hacer, prefirió ir a casa de su madre a contárselo.

Y, sin acuerdos ni parlamentos, dejamos el asunto de la boda aparcado.

 

Su pretensión, expresada por sus propias palabras era: Si hago algo mal, que venga Dios y me lo diga. ¡Y es que ella pretendía una manifestación espectacular de Dios! Mi respuesta fue obvia: No tientes a Dios; «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán» (Lc.16.31). Obviamente le leí el paisaje completo de la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro de Lc.16.19ss.

Entonces, esa noche quedé orando, toda la noche, por ella, por su conversión. Le pedí a Dios alguna señal; que ella necesitaba milagros. Mis escrúpulos me llevaban a decirle que no quiero que sea algo así como mi payaso de feria, que no quiero parecerme a esos protestantes que pretenden constantes milagros llenos de manifestaciones espectaculares que satisfagan sus propios egos.

Yo no había dormido, y cuando ella despertó, le pregunté qué había soñado. Ella empezó a contarme y yo la interrumpí. Yo sabía que había tenido un sueño perturbador, y sabía exactamente lo que había soñado, pero preferí primero confirmar que no me estaba equivocando. Entonces me puse a contarle yo a ella lo que ella había soñado, y ella quedó sorprendida, pues no entendía como yo podía saberlo.

Usé, creo que legítimamente, este evento para pedirle que considerara seriamente mis palabras, que si Dios me había puesto en su vida, no sería en vano. Que si yo le anunciaba estrictamente la Palabra De Dios que ella misma podía leer en La Biblia, no le Hera legítimo despreciarlo, pues eran Palabras De Dios y no mías. Además, que ella había pedido «que venga dios y me lo diga», y Dios, que no está ausente, se lo dijo, y eso no es una cosa que ocurra todos los días.

 

Le dije y digo, que yo no tengo un apego fanático por ninguna iglesia en particular, sino que La Verdad histórica, La Palabra De Dios en La Biblia, etc., me lleva a La Iglesia Católica… Y si me llevara a la luterana o calvinista o cual fuera, no por mi capricho ni preferencias sino por pura razón, eso que acogería, y de eso estaría hablando en lugar de hablar de la Iglesia Católica.

Que si fuera por mis gustos o preferencias, quizás no estaría en La Iglesia Católica, sino en alguna otra menos silenciosa. Y le recordé que está escrito, «El Señor reside en su santo Templo, ¡guarde silencio toda la tierra delante de él!» (Hab.2.20); Le mostré como oraba Jesús, sí, repitiendo fórmulas, recitando Salmos. Le demostré que como ora aquella iglesia, es exactamente de la forma que Jesús afirma que no serán oídos.

Incluso le propuse estudiar todas las religiones… leer el Corán, a los rabinos judíos, etc. Vale. Vamos a estudiar. La verdad sólo tiene un camino, por lo que yo estaba preparado si ella aceptara hacerlo. Pero evidentemente, ni siquiera había leído los evangelios de forma continua… Y nos pusimos a leer y leer. De esta forma le hice consciente de que sabe menos de lo que creía saber, pues lo único que en realidad sabía, eran dos o tres consignas de aquel «pastor».

 

Fanáticamente, sin ninguna razón, ella no quería otra versión que la Reina Valera de 1960, y yo en principio acepté leer con esa.

Pero en seguida nos encontramos con serios problemas:

Frases mal construidas sintácticamente; sin lógica interna; sin sentidos; Redefiniciones interesadas de las palabras; lenguaje rebuscado, pedante, y erróneo; textos agregados, eliminados, descaradamente modificados… Y, yo que no estaba dispuesto a negociar la verdad que veía adulterada. Tuve que estar presentándole lecturas paralelas de muchas traducciones, incluyendo griegos; Estuve haciendo exégesis pormenorizado de todo…

Le presenté una lista realmente enorme de textos adulterados de la Reina Valera, ya no en comparación con otras traducciones, sino, incluso, entre distintas versiones de la misma RV, y una extenuación de argumentos que la llevó a darse cuenta de la gran manipulación.

Una cosa que le impresionó bastante, fue comprender la introducción sistemática de la palabra Jehová, regada por do quier, incluso donde no tiene sentido que esté.

 

Pienso que entonces ella estaba sufriendo un duelo silencioso. Se sentía engañada. Y en verdad lo estaba, hasta por su familia, desde siempre, sí, pero es que en ocasiones el dolor no deja ver con claridad, y entiendo que para ella fuese doloroso: O yo le mentía, o le había mentido siempre su familia; y el dolor no le dejaba ver que eso no necesita de mala intención; en esas es fácil no poder salir de los extremos; es una herida difícil de sanar.

Lo más fácil le era pensar que yo le mentía, pero no lo podía hacer, dado que yo le permitía comprobar todo lo que le decía. De hecho, una premisa que siempre le indicaba es: A mí no me creas ni una palabra. ¿Quién soy yo para que me creas? Pero no niegues jamás la Palabra De Dios. Si yo alguna vez te dijera algo que no tenga fundamento bíblico, no me creas. Pero no niegues lo que Dice Dios, ni lo interpretes según te convenga, ni me permitas a mí hacerlo.

 

Mis fuerzas flaqueaban, y aún me quedaba muchísimo por batallar. Por eso, -y creo que providencialmente-, fue un alivio cuando traté el tema de la Eucaristía, porque en eso ella sí estuvo dispuesta a entender. Ella comprendió que Comulgar es el acto más sublime de Adoración que nosotros somos capaces de realizar aquí en la Tierra. Esto me costó algunas semanas, tratando el tema de la importancia de la comida en la cultura Judía, etc. Entonces le expuse crudamente que como dice El Señor: el que no come Su Cuerpo y no bebe Su Sangre, no tiene Vida Eterna en él; o lo que es lo mismo: el que come Su Cuerpo y bebe Su Sangre Sí tiene Vida Eterna. Evidentemente ella se apunta a eso de La Vida Eterna… y de eso no hay en aquella iglesia…

Pero ella aún tenía que verlo con sus ojos. Y lo vio: Fuimos al culto. Le pedí que se fijara en las palabras del «pastor»: «este pan es símbolo de comunión con Cristo». Además, en esa ocasión el «pastor» se explayó en este asunto, afirmando y repitiendo que ese pan sólo es un símbolo, y nada más que un símbolo. Entonces ella comprendió que allí estaban Adorando de la forma más sublime posible que nosotros humanos aquí podemos alcanzar, nada más y nada menos, que a un símbolo, que no hay mayor idolatría posible, y que, allí ni siquiera había consagración del pan.

Este último punto se lo preguntamos al “pastor”, el cual le confirmó que ellos no consagraban el pan, no tenían intención de hacerlo, ni quieren que suceda, opinando rudamente que eso es una cosa mala malísima de los católicos carnívoros esos. Ella entendió que vuelven a cuestionar a Jesús, como le cuestionaban en Jn.6.52, y que la respuesta de Jesús sigue siendo la de los versículos siguientes. Comprendió que la versión del «pastor» es incompatible con la de Jesucristo… y el principio del tercero excluido hace el resto.

 

Fuimos de paseo con su madre. Hablamos de la Eucaristía. Ella, su madre, dijo que sí había hecho la primera comunión, que fue bautizada católica, etc; aunque, por las costumbres. María sintió envidia, no hace falta que me lo diga, lo sé. Su madre sí había comulgado, y ella no.

Entonces, tanto yo como ella misma, descubrimos que ni estaba bautizada en El Nombre Del Padre y Del Hijo y Del Espíritu Santo, en lo que se diluyó la necesidad de certificado alguno por parte de aquella iglesia, ya no era necesario, porque simplemente no había recibido el bautismo cristiano, y, por ende, no había nada que certificar. Y su madre, con gran criterio le insistía que si vivía conmigo sin casarse estaba pecando.

 

Tengo que decir, que yo también creía estar en pecado y por esto, por largo tiempo, estuve sin comulgar. De hecho, estuve incluso sin ir a Misa, pues ella no me acompañaría.

Yo culpaba a La Iglesia de prejuicios; pues pensaba que el hecho de convivir con María como con mi hermana, necesariamente me colocaba fuera de poder comulgar. De esto tienen también culpa los Sacerdotes con los que mantenía contacto, que no me sacaban de este error: ¡Claro que podemos convivir como hermanos! Pero no adelantemos acontecimientos.

 

Tras muchas cosas que por razones obvias he de omitir, diversas situaciones, laborales, económicas, sociales, nos llevó a trasladar nuestra residencia a mi natal Emérita Augusta donde ahora vivimos.

Aquí buscamos un culto al cual asistir, pero, recibimos noticias por parte de un familiar suyo que sondeó la situación de las iglesias protestantes locales, de que la iglesia evangélica de Filadelfia en Mérida, «no cree» en los Dones del Espíritu Santo y limita o raciona los milagros». Y lo pongo literal, pues es una cuestión que no acabo de entender lo que significa, pero a ese familiar no le pareció bien que ella fuera a esta iglesia… y ella no estaba dispuesta a más confusión.

 

En este punto ella se percató que en la iglesia evangélica no sólo cada uno puede creer lo que quiera, -literalmente esta es la consigna que repiten como mantra-, sino que cada pastor puede disponer en qué cree su iglesia, -oh contradicción-, y, -cosa que ella ya sabía-, contradecir al pastor significa «salirse de la cobertura del pastor», -doctrina extraña donde las haya-, que es una gran tragedia para cualquier protestante. Esta fue ocasión propicia para tratar el asunto de la doctrina, que en todas las Parroquias Católicas es la misma, mientras que en cada iglesia protestante, aún dentro de la misma denominación, cada pastor tiene la suya propia, y, como ella pudo comprobar, variable en el tiempo… es decir, que hoy es una, ayer fue otra, y mañana la imaginación del pastor dirá.

Además, también fue ocasión para hablar de la liturgia, como en todas partes del mundo, en La Iglesia Católica, las lecturas son las mismas en un día dado, sobre las cuales tratan las homilías, de forma que cada día, todos los Sacerdotes están hablando de la misma cosa, mientras que los «pastores» hablan cada día de lo que les apetece, sin concierto ni acierto, y según su propia interpretación, sin nadie que le pueda contradecir si hierra.

 

Alejados pues de cultos protestantes y Católicos, yo seguía enseñándole, resolviendo sus dudas, animándola a hacer lo que está bien, orar, bendecir, tener un criterio alejado de prejuicios, etc.

Pero me fui desesperanzando. Me había metido en la boca del lobo y me arrepentía. Pasé de estar un mínimo de 2 a 3 horas en el templo, adorando a Jesús Sacramentado, a no poder ya ni hablar de ÉL. La situación se volvió muy insoportable. Mi vida se había vuelto completamente insípida. Pedía auxilio a los Sacerdotes con quienes me escribía, hablándoles de mis crisis de Fe, y sólo recibía respuestas impertinentes, puesto que se sentían atacados por mis consignas. Mis amigos me abandonaron.

 

Yo suelo meterme en la bañera con agua muy caliente, y allí me quedo en remojo hasta que se queda fría. En una de estas, me vino a la cabeza, una y otra vez: «prueba de Nabucodonosor», «prueba de Nabucodonosor». Traté de no darle importancia, pero insistía. Entonces busqué, pregunté allí y allá, tanto a Sacerdotes como a pastores protestantes, en redes sociales, etc. Y no ostuve respuesta. Leí en La Biblia, todo lo que de él refería. Es mucho mucho contenido, por lo que estuve dedicándole mucho tiempo. Consideré las pruebas a las que había sido sometido, como la de su destronamiento y cuando estuvo viviendo como un animal salvaje, y saqué algunas conclusiones, que me acusaban directamente.

Pero no quedé tranquilo, y mi interior repetía: «prueba de Nabucodonosor», obsesivamente. ¿Estaba cayendo enfermo? me preguntaba, y traté de ignorarlo. Un día me percaté que por «prueba de Nabucodonosor» yo entendía aquello en lo que Nabucodonosor fue probado, pero entonces lo entendí en el sentido de aquello que Nabucodonosor puso a prueba. y reinicié la búsqueda, ahora con más trabajo todavía. Mucho fue puesto a prueba por Nabucodonosor… y estuve tiempo considerándolo. A la tercera vez que leí el libro de Daniel de corrido, me tuve que parar en el capítulo segundo, porque recordé aquel episodio ya olvidado, del sueño de María que yo le conté a ella en vez de ella a mí… A través de esto Dios estaba renovando mis fuerzas.

Entonces la enfrenté directamente, exigiéndole que me escuchara, pero, como se había vuelto costumbre, me ignoró por completo. Yo ya no soportaba la situación y estaba resuelto a dejarla por imposible. Dije: Dios, lo he intentado, pero yo no puedo. Hasta aquí llego, ahora Tú si quieres le tocas el corazón, o si no la dejas, o haz lo que quieras, pero yo ya, paso. No hago nada más por ella. Ahí la tienes. Se acabó.

 

María estaba en clases de lenguaje de signos, y yo me puse a dar vueltas por la calle, sin sentido, sin dirigirme a ningún lado en particular. Pasé varias veces por la puerta de la Concatedral Santa María La Mayor, hasta que decidí entrar. Entonces hablé con Don Antonio, el párroco. Él me escuchó en confesión, aunque yo no era exactamente confesión lo que buscaba, ni siquiera creía que pudiera darme la absolución, ya que tenía entendido que vivía en pecado, eso me hacían creer otros Sacerdotes con su legítimo celo no vaya a ser que me amancebara, sino, más bien buscaba consejo, escucha, no sé qué… Pero, sí: me dio la absolución, porque en realidad yo convivo con María como hermanos. Desde ese momento también reducí las manifestaciones públicas de afecto de pareja, para evitar escándalo, y también las privadas, para así mismo evitar escandalizarla y caer en concubinato.

 

Era obvio que la situación había cambiado en un momento. El tiempo que ella estaba en clases, de 17:00 a 20:00, yo estaba en la iglesia. Primero iba a la Adoración al Santísimo, en Santa Eulalia, luego iba a Santa María La Mayor a rezar el rosario y a Misa, y los Jueves, a otro ratito de Adoración.

Cuando María salía de clases me llamaba por teléfono para saber donde estaba, y yo, en lugar de coger, le enviaba un mensaje que ya tenía preparado, diciéndole donde estaba para que viniese a recogerme si quería.

Llegó el día que a esa hora ella no tenía clases, y yo me preparé, y le dije sin más: Voy a Misa, ¿te vienes o te quedas? Haz lo que quieras yo ya no te espero. Y se vino. ¿Mano de santo… Oye! Debí haberlo hecho antes.

Por el camino me dijo que si yo veía algo impropio que se lo dijera y nos salíamos, que ella no se fiaba y tampoco tenía los conocimientos necesarios para discernir lo que está bien y lo que no, y, sin problemas, llegamos a ese acuerdo, cosa que yo esperaba que nunca pasara.

 

Al principio no quería arrodillarse, porque habían imágenes y los protestantes tienen muchos recelos por las imágenes. Le tuve que explicar que mire hacia la dirección que mire, norte, sur, este u oeste, más lejos de ella o más cerca, encontraría una imagen. Que siempre que se arrodille, por lo tanto, habrá una imagen delante de ella. Además, que es imposible arrodillarse ante Jesús sin arrodillarse ante una imagen ya que Jesús es imagen visible del Dios invisible, Col.1.15, y que ella misma es una imagen, pues Dios nos creó a su imagen y semejanza. Le pedí que en el momento oportuno se arrodillara como es debido, cerrando los ojos, y diciendo: Señor, me arrodillo ante ti, para adorarte, independientemente de lo que tenga delante, detrás, a izquierda, a derecha, arriba, abajo, más lejos o más cerca, fuera o dentro de mí. Pero tenía reparos, y le leí Rom.14.11, e Is.45.23. Con el tiempo lo hizo.

 

Empezamos a ir a varias parroquias para que ella se asegurara de que en efecto, las prácticas de La Iglesia Católica son católicas, en todos lados las mismas. Ella me recordaba de vez en cuando aquel trato que teníamos de salir raudo y veloz, de donde hubiera la más mínima irregularidad. Creo que más bien se refería a encontrarse con alguna de las difamaciones que corren entre los protestantes acerca de que los Católicos adoremos imágenes o hablemos con muertos… y demás ocultismo.

Para mi sorpresa, sí, así lo tuvimos que hacer. Un Sacerdote decidió un Domingo (lo tengo grabado), decir: Hoy vamos a decir el credo, pero un credo «distinto»; «un Credo para el día de los sintecho» que yo mismo he compuesto. Yo voy diciendo y ustedes van repitiendo. ¿Vale?

Para los curiosos, el texto de este credo él mismo lo colgó en su blog: https://parroquiasanantoniodemerida.blogspot.com/2017/11/credo-para-el-dia-de-los-sin-techo.html

tras escuchar la recitación de este credo, tal y como habíamos acordado en aquel trato, la hice salir, y aún grabando, le expliqué que aquello está mal; que ese es el gran Milagro de La Iglesia: que ha durado 2000 años, -que se dice pronto-, y si por nuestra fidelidad fuese no duraría ni 20 minutos.

Este suceso sirvió además para aumentar su confianza.

 

En una ocasión, fui a confesar, y cuando volví al banco donde estaba ella, me la encontré rezando el Rosario. Después me dijo: Ahora comprendo que tengo una Madre en el Cielo. Esto se pierden los protestantes. Creo que fue ese mismo día cuando ella decidió Bautizarse.

 

  • Como la Parroquia que nos toca según el domicilio es la de San Antonio De Padua, aquí fuimos a hablar con nuestro párroco, Don Casto, para pedir el Bautismo de María… cuestiones burocráticas ineludibles. Él lo que hizo fue darnos un papelito con el teléfono de el «pastor» de la iglesia evangélica en Mérida, diciéndonos que no, que es ese «pastor» quien tiene que dar permiso, y que fuéramos a hablar con él, cosa que por supuesto no hicimos.
  • Seguidamente fuimos a la Parroquia de Nuestra Señora De Los Milagros, que es la siguiente que tenemos en orden de cercanía. Don Jorge, el Párroco nos dijo que no podía ser, que tenía que ser bautizada en la parroquia que le toca.
  • Después fuimos a La Concatedral Santa María La Mayor, donde Don Antonio el Párroco primeramente se sintió intimidado porque ella es gitana, y tenía miedo de tener problemas con sus familiares. Supongo que esto tiene que ver con alguna mala experiencia que él haya tenido en el pasado. El caso es que nos dijo que en aquel momento no había catequesis de mayores, y que tampoco tenía previsto que hubiera en el futuro.
  • Seguimos nuestra búsqueda por La Basílica Santa Eulalia, donde Don Juan Cascos sí se mostró muy interesado, y nos facilitó el teléfono de Don Isidro. En seguida Don Isidro nos deribó con Don Antonio, Párroco de San Servando y San Germán.
  • Cuando acudimos a la cita, Don Antonio no estaba, pero habían dos Sacerdotes, que nos dieron un formulario para rellenar, y nos solicitaron una autorización de nuestro párroco.
  • Nos dirigimos nuevamente a Don Casto para solicitarle dicha autorización. El afirmaba no saber de qué se trataba, y dijo que llamaría a Don Antonio.
  • En una ocasión que asistimos a misa a La Concatedral Santa María la Mayor, Don Antonio, algo enfadado, nos dijo que dejáramos de ir buscando líos por ahí, que él ya nos diría cómo hacer para que María recibiera catequesis, insistiendo en hablar con los padres de ella. Enseguida comprendimos que lo que había pasado es que Don Casto se había equivocado, y en lugar de llamar por teléfono a Don Antonio de San Servando y San Germán, llamó a Don Antonio de La Concatedral.
  • Finalmente, Don Antonio, Párroco de La Concatedral puso en contacto a María con quien fue su catequista.

Sinceramente, la cosa no fue bien desde el principio. María tenía muchas cuestiones que quería tratar, y con su catequista no avanzaba. Yo intenté ser prudente y no interferir con su catequesis, y me mantuve al margen de seguir enseñándole. En catequesis todos los días, -los pocos que nos reuníamos-, era la misma charla: La iglesia somos todos y la jerarquía es mala malísima; los sacerdotes unos pederastas, los papas unos depravados con ansias de poder… y los buenos, claro, nosotros. María salía de esas reuniones muy desanimada y no quería seguir yendo. Pero tenía que seguir yendo por que sí quería Bautizarse, y yo le pedía que aguantara el chaparrón.

Un día que la agresión fue muy fuerte, dijimos vasta; hasta aquí hemos llegado. Abandonamos la reunión, y acto seguido le dijimos al Párroco que no íbamos a seguir con la Catequesis por lo que estaba ocurriendo. Él entonces, en unos meses, nos puso en contacto con otra catequista, Isi, a quien apreciamos mucho.

 

Al tercer año de la catequesis, por fin nos dieron fecha probable para el Bautismo. Finalmente no fue ese día, y desde entonces nos van dando fechas, cada vez más lejanas. La última fecha que nos dieron fue para el Domingo In Albis del 2020, o el Domingo siguiente, pero con la pandemia del coronavirus Covid19, no pudo ser. Y, seguimos a la espera, oiga.

 

Ahora maría ha abierto un blog llamado “aprendiendo y enseñando a cumplir todo lo que ÉL nos ha mandado” ( https://loquenoshamandado.wordpress.com/ ) en el que quiere ir compartiendo cosas que va aprendiendo, o que de alguna manera le han tocado, con el propósito de evangelizar.
Aunque el título del blog es suficientemente descriptivo, en su primer artículo María ha presentado su blog y sus intenciones….
¡Seguirle!

5 comentarios sobre “Bienvenida a Casa, María

  1. Hola.
    Primero, felicidades a María.
    Segundo, gracias a ti por no saber doxificar la verdad, ni disfrazarla, ni ninguna de esas prácticas cobardes. Otros, con el no hacer proselitismo y más falsos respetos, se atreven a abrir la boca.
    En último lugar, decir que me parece que la iglesia debería actuar de otro modo, facilitando mucho más el asunto…
    Tennos informados cuando se bautice y tal, aunque supongo que ella también lo hará, que ahora me paso por su blog.

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