Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden

Jesucristo nos enseña a orar diciendo: Perdona nuestras ofensas (Mt.6.9-13)

El destinatario de la oración queda patente, es lo primero que decimos según él instruyó: Padre Nuestro Que Estás En El Cielo; vale, y ¿Cuál es el sujeto?

Primera persona del plural, sí, pero en ese conjunto acotado nombrado como «nos», ¿tenemos presente al hermano que pide perdón por habernos ofendido?
Porque «nosotros», también puede ser un «yo» en la medida que lo estoy rezando, y el «yo» del otro, en la medida que lo reza él.

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Serie «Definiciones Cristianas Básicas» – Versión completa en PDF

Este documento es un recurso didáctico donde se recopilan unas cuantas definiciones sobre algunos aspectos prácticos de nuestra Fe.
Tengo la intención de complementarlo con otros documentos de mecánica similar, o bien, actualizar este, hasta abarcar el conjunto mínimo de materias necesarias que debe comprender un cristiano.

Serie Definiciones cristianas Básicas (Descargar en PDF). – Versión completa – Agosto del 2019

Entre las materias faltantes se encuentran las Cuestiones Existenciales, la Revelación, el Conocimiento De Dios, los Sacramentos, la Moralidad Cristiana, la Práctica Religiosa, la Oración…
Algunos de estos asuntos ya se han tratado en este blog, y otros, están agendados.

Serie «Definiciones Cristianas Básicas» – 01. ¡Por qué? / ¿Para qué?

«Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno y qué exige de ti el Señor:
Nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con Tu Dios» (Miq.6.8).

Este es un lenguaje que muchos se niegan a entender: Dios nos hace libres, sí, pero también nos exige cosas; Lo que indica el Sagrado Autor no sólo es Bueno, sino que también es Obligatorio, y, para poder cumplir las exigencias, debemos conocerlas.
Despogémonos de prejuicios, y no nos neguemos a entender lo que nos pueda incomodar. «Examínenlo todo y quédense con lo bueno» (1Tes.5.21).

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¿Confesarse con un Cura o directamente con Dios?

Cierta vez, un hombre se entrevistó con el presidente de un país.
Le solicitó un favor y el presidente lo refirió a uno de sus ministros de gobierno.
Este muy contento se fue lleno de esperanzas de que iba ser una realidad lo que deseaba, lo cual no ocurrió porque había miles de personas antes que él que le habían solicitado favores al presidente y era una manera diplomática de no decir un “no” de un mandatario.
Qué decepción!!!

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La ley dada por los ángeles

[Hech.7.53] los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron».

Y es que, según una tradición rabínica, la Ley fue promulgada por medio de los ángeles.

[Heb.2.2] Pues si la palabra promulgada por medio de los ángeles obtuvo tal firmeza que toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,
[Heb.2.3] ¿cómo saldremos absueltos nosotros si descuidamos tan gran salvación? La cual comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron,
[Heb.2.4] testificando también Dios con señales y prodigios, con toda suerte de milagros y dones del Espíritu Santo repartidos según su voluntad.

La constante persecución a los profetas

[Hech.7.52] ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes,…

EL Justo con mayúsculas es Jesucristo.

[1Jn.2.1] Hijos míos, les he escrito estas cosas para que no pequen.
Pero si alguno peca,
tenemos un defensor ante el Padre:
Jesucristo, El Justo.

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No resistan al espíritu santo

[Hech.7.51] ¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres.

[Heb.3.7] Por eso, como dice el Espíritu Santo: «Si oís hoy su voz,
[Heb.3.8] no endurezcáis vuestros corazones como en la Querella, el día de la provocación en el desierto,
[Heb.3.9] donde me provocaron vuestros padres y me pusieron a prueba, aun después de haber visto mis obras
[Heb.3.10] durante cuarenta años. Por eso me irrité contra esa generación y dije: Andan siempre errados en su corazón; no conocieron mis caminos.

[Heb.3.11] Por eso juré en mi cólera: ¡No entrarán en mi descanso!»

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